martes, agosto 11

La dulce vida


Una vez él me dijo que no podía estar feliz todo el tiempo. - Eso es por demás obvio, pero de nuevo me malentiendes- le contesté. No quiero que estés feliz todo el tiempo, mucho menos sonriente, sólo te pido que hagas menos jetas, vamos, que pongas buena cara, porque pasarla echando humo es muy cansado.

Finalmente me cansé de verlo pasar una temporada en el infierno sin escribir una temporada en el infierno. Esa densidad sin objeto ni siquiera es creativa, aburre por montones, es como pasar la vida tragando cucharadas de aceite en lugar de comer, pura espesura, pura pendejada.

NO me voy a poner impositiva [AUNQUE YO SÉ QUE TENGO LA RAZÓN], pero creo que una misma situación puede tener tintes trágicos y cómicos, el enfoque depende de las inclinaciones del autor. Partiendo de eso, TODO puede ser una tragedia y TODO puede ser una comedia; trágico por lo doloroso, cómico por el contraste de la realidad con nuestras ideas [Oh! Great expectations!].

Debo decirlo, NO CREO EN LOS GERUNDIOS, así que no suelo estar pasando por malos momentos (buenos tampoco) los momentos fueron, son o van a ser y si son no se prolongan a lo largo del tiempo.

Tan fácil (o tan difícil) que es hacer las cosas sencillitas, digeribles... o al menos eso pinta la película La dulce vida (Happy go-lucky, Mike Leigh, Inglaterra, 2008), que narra la historia de Poppy, una treintañera despreocupada que no tiene empacho en hablar y sonreír a propios y extraños.

Poppy es maestra de kinder y ha vivido 10 años en un departamento rentado con una roomate; eso de no tener bienes raíces parece no preocuparle en lo absoluto. Viste con DEMASIADOS colores y usa DEMASIADOS accesorios; toda ella parece una fiesta.

El encanto de Poppy parece precisamente ese andar desparpajada por la vida, sin aprensiones ni preocupaciones insanas, encanto del que más de uno se puede enamorar. Uno de ellos es su instructor de manejo, Scott, un personaje que les parecerá de lo más cotidiano por estar lleno de ira, resentimiento y pensamientos torcidos de la manera menos interesante que pueda existir, he aquí un ejemplo:

The American dream never happened. The American nightmare is already here. I mean, look at the Washington Monument. It is 555 feet above the ground and 111 feet below the ground. 555 plus 111 is 666. 6-6-6, Poppy. 6-6-6.

El caso es que Scott se enamora de Poppy y tan atrofiado está, que no encuentra la manera para demostrar ese sentimiento, menos aún cómo hacerlo apetecible [volvemos con la fracesita de Saramago: Una invalidez del lenguaje no es querer decir amor y que la lengua no llegue, es tener lengua y no llegar al amor"]. Horda de lenguas inválidas.

Para hacer más interesante el microcosmos en que se ve inmersa Poppy, se nos presenta a sus dos 2 hermanas, una que por su visceralidad contrasta con la calma cuasi cool de ella; y la otra que ha aceptado todos los convencionalismos para decirse 'feliz'. Inquieta, le pregunta a Poppy que cuándo va a dejar eso que nosotros podemos entender como la dulce vida, y la respuesta que inmediatamente viene a la mente del repetable es: ¿Cuál es la pinche prisa?

No se trata de felidad a lo idiota, NO. Se trata de un estado templadito al que suele acompañar una expresión sonriente-estilo-buda. Bueno, Poppy tiene los dientes infinitamente más grandes que Buda, pero ya saben a lo que me refiero.

Muy recomendable, van a pasar un buen rato y saldrán con el humor ligeritititito.


4 comentarios:

Miguel Lupián dijo...

Esta película pone de buenas inmediatamente. Al principio saca de onda "tanta felicidad" pero te atrapa irremediablemente. Poppy bien podría ser la hermana de Nigel de SPINAL TAP: ¡parecen gemelos!
Te van dando falsas pistas del porqué tanta felicidad de Poppy; de hecho, esperas que haya una causa para justificarla, porque NO SE PUEDE ser tan feliz.
El anti-clímax de la película es buenísimo y hace que reflexionemos de qué lado estamos en la vida: del de Poppy o del de Scott... Lamentablemente nos damos cuenta que la balanza se inclina al lado de Scott, y eso es muy triste.

The fool dijo...

Cierto! olvidé mencionar el equino parecido entre Poppy y Nigel.
Al principio pensé que ella tenía un retraso, pero me equivoqué, tan sólo estaba muy sonriente, jajaja.
No se puede ser tan feliz? Seguro que sí, es cosa de templar las aguas.
Y total, siempre puedes brincar entre Poppy y Scott...

Juanito Escarcha dijo...

Mmmm, la veré a ver si me convierto en una persona más positiva a base de mímica =P

The fool dijo...

jajaja... no, tú pensarías que Poppy tiene un retraso.