jueves, julio 10

Arcilla del pasado



Los reveses
de la suerte ya no cuentan.
Ya son parte
de esa dócil arcilla, mi pasado
que borra el tiempo o que maneja el arte
y que ningún augur ha descifrado.

... y que el presente labra a su antojo interminablemente.

-Borges-


Somos la suma de nuestros recuerdos, que, de no ser mirados como aquello que va construyendo el camino, se convierten en clavos oxidados, que terminan por joder la pared en que los clavamos.


No pueden nuestros recuerdos permanecer inalterados, no podemos asegurar su exactitud o su falta de deformación. En cuestiones subjetivas, mi recuerdo, mi versión, es completamente parcial.


Creo que lo anterior queda muy bien ilustrado en esa excelente película Persépolis (aún ronda en cartelera y es altamente recomendable). El caso es que en ella se narra la historia de Majane Satrapí, una chica iraní cuya vida atraviesa una revolución y una guerra que marcan su paso forzado por varios países, estadías que son aderezadas con una gran probada de prejuicios de propios y extraños.


El caso es que me acordé de esta peli, pq en una parte la protagonista se enamora y recuerda al sujeto hermoso y atento. Después de que descubre que la engaña, lo recuerda como un adefesio cabrón y se tira a la depresión... Bien dice el personaje algo así como 'sobreviví a las guerras pero no al amor'...


He ahí un recuerdo deformado.


Malo sería en ese caso, quedarse con la idea de que 'todos son iguales', cuando en realidad eso es sólo una muestra de compormiento humano. En otros casos ocurren muestras de lo cabrona que es la vida. Pero así son los tiempos, difíciles, como los de todos los hombres. Cada quien, puede considerar su situación particularmente difícil y en enclavarse en su traicionera memoria, cuando en realidad toda situación es, generalmente, algo común.


Yo recuerdo bien a quien ha pasado por mi vida, con sus vicios y virtudes que en algún momento dieron luz a los míos, y dejándolos fluir cuando ha sido necesario.


Muchos recuerdos permanecen, instalados cómodamente en una infranqueable parte de la memoria y ni quien los toque. Ni modo de borrarlos como en esa extraordinaria película 'Eterno resplandor de una mente sin recuerdos', donde a fuerza de borrar el camino se vuelve a él. No es necesario borrarlos, sino masticarlos para no joder su digestión.

2 comentarios:

men dijo...

He decidido masticarte.

Ana Paula dijo...

Ya tan pronto?