lunes, julio 13

Clive Barker. All you need is blood.





Como buen hijo del siglo XX Clive Barker sabe bien que el mal de aquel siglo fue el exceso: Exceso en la información, exceso la prisa, exceso en el lujo, exceso en las ciudades, exceso en el placer, exceso en el terror; sobreexposición de todo lo visible. Exceso que condujo al hastío y desde el cual sólo se puede volver provocar terror cimbrando las estructuras clásicas.

Entonces el autor tomó en un puño todos los miedos hasta entonces conocidos y dijo: Señores, esos son cuentos para niños. Luego planteó la idea de un terror anterior a la personalidad, un terror que hace temblar la mente, como él mismo lo dice, estremeciendo aquello que estaba a punto de rozar la indiferencia.

En ese contexto, la búsqueda de la vida eterna en su concepción tradicional es rota por Barker, quien nos ofrece una nueva posibilidad: Revela la existencia de una vida más allá de la propia carne que está escrita con sangre sobre la misma carne.

Cuando el coqueteo con la muerte ya no asustaba, En 1984 llegaron los Libros de sangre a devolverle su carácter de terror primigenio y así, el arquetípico deseo humano de evitar a muerte preservando al cuerpo tiene un castigo diferente en el Valle de la Carne, algo peor que el terror: la vida que no acaba después de que el cerebro le pide al cuerpo que deje de existir.

El terror que plantea Barker es una bestia a la cual resulta interesante tocar desde una forma indirecta una vez que se haya encontrando el camino oscuro hacia su corazón; similar a lo que ocurre en la película El sacrificio, protagonizada por Marlon Brando y Johnny Depp, en la cual un viejo Brando pacta un trueque: dinero que le resolverá la vida a su hija a cambio de la exquisitez de contemplar el momento de la muerte ajena, placer reservado a quienes desean apreciar la vida en todo su nuevo potencial.

Luego viene la construcción de figuras tan terroríficas como deliciosas: La mirada que ha quedado desprovista de casi toda humanidad, cuya única reminiscencia es una herida abierta y supurante.

Como ejemplo de las innovaciones barkerianas tenemos la resurrección adicionada con risas y cualquier sacrificio omite su hasta entonces obligado saludo reverencial, quedando reducido a un acto de carnicería.

El mito fundacional de una ciudad queda desgarrado al intercambiar la historia de los patrióticos héroes por la de un grupo de caníbales cansados que, a fuerza de mantenerse vivos (como si de ello dependiera el funcionamiento de la ciudad), clavan sus dedos en la carne tersa y reluciente de algunos ciudadanos elegidos, manteniendo a su alrededor una servidumbre silenciosa, consciente de su trascendental tarea.

La carne se encuentra desecha por el placer y es preciso reanimarla, la carne languidece después de haber sido sobreexpuesta y abusada, entonces llega el futuro del terror (King dixit) y nos lleva de la mano al punto de intersección entre placer y dolor, dice que sí hay placer y mucho terror más allá de los límites conocidos.

Con imágenes tan potentes como la Julia de Hellraiser que, enfundada en su vestido de novia, sostiene en las manos su propia cabeza, nos hace confirmar que lo único que necesitamos es sangre para volver a sentir, porque no hay placer como el terror... ajeno.

3 comentarios:

Miguel Lupián dijo...

Barker es la neta.
¡Qué gran descubrimiento!
EL TERROR ya está dentro de mis cinco cuentos favoritos.
Todo lo que necesitamos es un poco de sangre...

Miguel Lupián dijo...

Por cierto, ¡gran imágen!
Me gusta mucho el arte de Mark Ryden, y esta, The fountain, es genial.
Queda como anillo al dedo.

nimbemon dijo...

Wow!!! Habrá que leer a Barker. Por lo que escribes creo que si me dará miedillo... además ilustrar el texto con Ryden es muy gráfico y terroríficamente bello!!!
saludos, n.