lunes, febrero 2

Wakefield

Wakefield era un hombre aparentemente normal, casi convencional, salvo porque un buen día decide irse de su casa, como si se fuera de cacería, sin más explicaciones. Decide rentar un cuarto y no volver, sólo observar qué ocurre durante su retiro.

Esa ausencia total, se asemeja a su muerte y él parece divertirse contemplando el desfile ante sus ojos por el hecho mínimo que ha cambiado voluntariamente.
¿Vanidad?, ¿Curiosidad?, ¿Aburrimiento? No sabemos en realidad qué secreta motivación ha encontrado Wakefield para hacer su crudo experimento, pero podemos imaginar de todo.

Recuerdo haber repasado este cuento, hace varios ayeres, durante un taller de literatura de horror y fantasía... y un buen rato me quedé pensando en el protagonista, encerrado, mirando vanidosamente los efectos sobre el tablero ante la falta de un simple peón.

"Entre la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, los individuos se hallan definitivamente insertos en un sistema y cada sistema se encuentra tan estrechamente vinculado a otros que el hecho de salir por un momento expone al hombre al riesgo espantoso de perder para siempre su lugar propio en el mundo."

Por una vez (miento, más de una) he deseado ser Wakefield, salir de mis círculos, retirarme aunque sea sólo un día... propósito difícil de lograr, más ahora que el concepto de urgencia ha cambiado y que la posibilidad de localización es inmediata y por cualquier medio. Cómo me gustaría, a pesar de esa urgencia salir por un momento y perder mi lugar en el mundo, para observar el choque entre el drama de mi desaparición y la estricta indiferencia del mundo (corroborando entonces a Santayana), cuyo funcionamiento no se detiene por mí ni por nadie.

Quisiera simplemente irme, como el Wakefield de Hawthorne y no volver, ni 20 años después.


7 comentarios:

El Amo dijo...

Creo que el verdadero riesgo del cuento reside en que no se quiera volver a este mundo, como bien lo deseas al final de tu post

Leliel dijo...

Es simpatico pero yo logre abandonarme de todo mundo por un mes. UN MES!! La solucion fue decirles... "no contesto el celular, si me necesitas contactar llamame a mi casa... o Visitame!" ...JA!. Solo hable con la gente que YO queria hablar o la que yo buscaba. La cual se redujo a no mas de 3 personas.

Como interesantemente mencionas el concepto de "urgencia" ha cambiado y ese mismo estilo de vida acelerado de la vida citadina, cada vez hace mas permisible la situacion que experimente.

...eso o deje de importarle a mis amigos por un mes. Lo cual es de reflexionar.

anonyma dijo...

mi comentario puede o no estar "adecuado" al post, pero (por ser el primero ke leo) te recomiendo revisar (como para matizar esto un poco más) la película llamada "Into the Wild", muy cercana a esta óptica...:)

Eutymia dijo...

Es que a veces dan ganas de verlo desde afuera, como quien ve la lluvia... ;-)

En efecto, ya vi Into the wild y la comenté.

Diónysos Persée dijo...

De qué hablas? perderse en la infinidad de uno mismo es una de las mejores cosas que uno puede hacer durante su vida, a menos que expreses la crónica de una muerte anunciada pero hablando de un suicidio jaja. Particularmente habemos personas que nos preguntamos continuamente qué pasaría si ya no estuviéramos en esa fotografía, o en esta película, cómo serían las demas personas con esa falta y demás... y terminamos dándonos cuenta que sí hacemos un diferencia... pero mínima, muy mínima.

el_vigia dijo...

Yo logré salirme y ahora no sé cómo regresar.. sniff :(

Eutymia dijo...

Ah claro, una cosa es el turismo interior, del cual hice esta entrada http://delcineyotrosdemonios.blogspot.com/2008/04/turismo-interior.html
Lo otro es como una indiferente contemplación de la vida.

... y pues nomás regresa como Wakefield, por la puerta ;-)