lunes, septiembre 7

Él (no es el de Buñuel)

Ah, déjame entrar, déjame ver un día como ven tus ojos.
-Rayuela-


Brindó una vez más después de otra más de sus ácidas disertaciones sobre el amor. Aplausos.

De vuelta a su casa, en cuanto se desabrochó el primer botón de la camisa el recuerdo de María lo prensó de la yugular. Tragó saliva mientras su memoria olfativa recorría pacientemente las corvas de esa mujer que durante años su académica imaginería había construido pieza por pieza.

María le recordaba a La Maga, porque aún con sus sinrazones lo condenó a leer a Spinoza por un buen rato, Pero qué le importaba a él eso, si pensaba que las mujeres eran unas cosas tan espléndidas que podían darse el lujo de ser imbéciles y a pesar de ello volver locos a los hombres.

Recordó también que su mero encanto de juglar había sido insuficiente para evitar que ella se fuera, dejándole nada más que un dolor vago pero constante, supurante como una herida de batalla mal cuidada.

Volvió la mirada al espejo. Pensaba que la negación sistemática de aquellos recuerdos terminaría por aniquilarlos. Mejor recibir aplausos que reconocer su cobadía. Mejor reafirmarse incrédulo antes que volver a escuchar las sinrazones de María.

2 comentarios:

Miguel Lupián dijo...

Me gustó mucho su sonoridad

The fool dijo...

Amarguita la historititita, no?