
En el futuro, la energía extraída de la tierra será un mal recuerdo ya que habrá sido sustituida por energía limpia de la luna que Industrias Lunar se encargará de traer para todos.
Hace casi tres años Sam Bell (Sam Rockwell), un empleado de tal empresa, alunizó y desde entonces ha estado cosechando esa energía. A sólo un par de semanas de su regreso a la Tierra, no para de pensar en que verá de nuevo a su esposa y a su hija pequeña, aunque últimamente ha comenzado a alucinar y a sentirse un poco mal. Menos mal que Gerty (en voz de Kevin Spacey), el robot amigable, ha sido programado para acompañarlo durante su estancia en la luna con la única misión de ayudarlo. Ese día sale a cosechar y al observar a una mujer, se distrae y choca.
Cuando despierta, Sam se encuentra acostado en el interior de la nave. Gerty se acerca y le dice que se está recuperando del accidente. El protagonista no recuerda nada y con trabajos se pone de pie. Claro, el choque debió lesionarle las piernas. Un mensaje de la compañía le dice que un equipo se prepara para ir a la luna y reparar la cosechadora.

Después de convencer a Gerty de que lo dejara salir, Sam encuentra la cosechadora accidentada y dentro de ella, otro Sam Bell.
Y justo ahí empiezaron los giros que me trajeron en un rush filosófico durante toda la película.
No sigo porque no se las quiero arruinar, pero uf uf uf, no se la pueden perder.
Moon, es de esas películas que al final te dejan con los pensamientos revueltos, al mostrar que aún los mismos recuerdos y las mismas circunstancias, producen conciencias distintas, algunas más tendientes a rascar las aparentes verdades.
Grandiosa de principio a fin.
Por cierto, este es apenas en segundo largometraje de Duncan Jones, hijo de David Bowie. Habrá que seguirle la pista.