martes, junio 30

De bicicletas y votos

Vía Kirai, encontré que en Japón existen avisos y multas por estacionar mal la bicicleta, dado que existen zonas muy pobladas en tal país.

De pronto pensé ¿Que pasaría si en el defectuoso fuera posible multar o llevarse las bicis? ¿También cobrarían el arrastre, o en este caso, la levantada? ¿Habría días de intensos operativos destinados a recaudar las correspondientes comisiones por cada bici llevada? Más aún: ¿Podrían existir AVISOS previos a las multas? Ni de broma, la caja chica tiene que salir de alguna parte.

No funcionaría, por el simple hecho de que la corrupción está a pedir de boca, logrando corroer a este país en (casi) todos sus niveles y lo digo no con absoluto conformismo pero sí con desencantada certeza.

Tal desencanto me orilla a anular mi voto. Votar por algún partido, ¿para qué? Si parece que todo, incluidas las áreas de oportunidad, son movidas por los hilos que teje el círculo negro. Las oportunidades para el avance democrático son tan falsas que el establishment se toma la libertad de permitirlas, cuando ya no resultan peligrosas. Toda victoria es pírrica y no existen la palabra innovación, sino puro copy paste y mucha publicidad.

Rabia que me da mirar las campañas: un absoluto desperdicio de papel y plástico, con caras tan sonrientes como photoshopeadas. Ahora los políticos buscan seducirnos de la mano de sus ortodoncistas y estilistas. Peor aún, tratan de convencer al electorado con el apoyo de personajes que no tienen (ni es su chamba tener) un ápice de credibilidad en la materia, tales como Omar Fierro y Gaby Vargas (no mamen, no mamen! con la última).

ODIÉ recibir llamadas en mi casa durante la comida, en las que una estúpida voz grabada se aventaba la letanía de qué tanto había hecho x partido y qué haría un x fulano candidato a un puesto de elección popular. Pensaba en el desperdiciadero de recursos que se fueron en el montón de cosas inútiles que se les ocurrieron. Pensé en el inmensamente torpe equipo de publicistas que debe tener el Verde (que de verde esta invención bastarda de Salinas, no tiene más que las cascarilla política) para proponer a estas alturas del partido la vuelta de la pena de muerte en una legislación que se precia de copiar avanzados modelos. Suficiente es, insisto, no innovar, para todavía ponernos retrógradas. Y luego lo de los vales para cambiar en farmacias... ese mecanismo ya existe, que falta de compromiso político (conocido tradicionalmente como huevos) pretender que se trata de una propuesta del todo suya.

¿O vamos por Juanito?
¿O nos ponemos unos blanquiazules colmillos de leche?
¿O el retorcido diente tricolor?
¿Apoyamos alguna de las alternativas que parecen enérgicas e ilusionadas (ilusas?) cuando sus dirigentes andan gangrenados?

Anularé mi voto. Votaré por mi gato, que también es un tirano.

Échenle un ojo http://votosnulos.com/

lunes, junio 22

Porque pixar sí piensa en mí


Porque Disney Pixar sí piensa en mí, incluye muertos y tragedias en sus películas.


En UP, su última entrega, hacen gala de una historia que disfruté tanto como la maravillosa animación en 3-D.


Charles Muntz, un explorador setentero, solía salir en busca de exóticas especies en exóticos lugares como sólo la *salvaje* América del Sur puede tener. Su pasión y su aventura son el sueño de Carl, un niño ñoñito y reservado que un día conoce a Ellie, una niña hiperactiva y parlanchina con quien comparte los mismos sueños de aventura (me recordó aquella escena en que Amelié y Nino, se medio salen por las ventanas de sus recámaras con un espejo en la mano para que jugar con los reflejos de la luna).


Desde entonces Carl & Ellie se vuelven inseparables y planean incesantemente su viaje a las Cataratas No-sé-qué-madre, donde tendrán una linda casa, justo donde empieza la caída del agua. Un sólo deseo para toda una vida.


Punto y aparte de la historia, pensemos en el deseo que, por sí mismo, se cuece aparte. El deseo da pie a las más intensas cicatrices y, en ocasiones, funciona como motor de vida siempre y cuando su objeto llegue en algún momento a nuestras manos, Pero ¿Qué pasa cuando no se satisface? Tal vez puedan ocurrir la secuencia de cosas que plantea UP:


Que Carl y Ellie se casan y viven tan Happy together, que la vida por momentos parece resplandeciente a pesar de las desventuras que forzosamente ocurren, ya que el secreto está precisamente en ese happy together (la secuencia inicial es una chulada).


Que, después de perder un bebé nonato, viven deseando viajar a las Cataratas No-sé-qué-chingaos y para ello hacen una especie de fondo de ahorros que continuamente se vacía para solventar las necesarias urgencias que se pintan solas lo más recurrentemente posible tanto más se desea la otra cosa.


Ellie tenía un cuaderno con un apartado de ‘cosas que voy a hacer’. Se supone que esas cosas serían referentes al viaje a las Cataratas. Así lo entendemos nosotros y así lo había entendido Carl. De nuevo, la realidad, tan irreversible y tan de hierro tira de pronto la cortina y Ellie muere. Carl se queda solo, con la amargura que el vacío puede tener sólo una vez que ha estado lleno. Parece que la vida se les fue en planes, en lugar de renovación de deseos.


Grisáceo escenario. Entonces tiene lugar el primer toque de la varita Pixar y aparece un pretexto para que Carl emprenda el tan esperado viaje a la Cataratas, impulsando a su casa y por tanto a su Ellie, con un montón de coloridos globos. Con el segundo toque aparece un niño regordete que le hace compañía durante todo el trayecto, quien se encarga de poner el toque de extra risa al guión.


Después de todos los ires y venires, incluidos una jauría de perros que me hicieron reír bastante, Carl llega a las Cataratas No-sé-qué, con la vista tan cercada por hacer realidad aquel deseo, que tarda en notar que el pretendido destino era tan sólo parte del camino.


Aquí viene el giro interesante: que lo inamovible de un deseo irrealizado lo convierte en frustración, en cambio si se es flexible, las circunstancias solitas acomodan crean nuevas expectativas. Para Carl la cosa siempre había estado en las cataratas, después de todo eso era lo que estaba anotado, ¿no?; para Ellie lo fue el día a día de la vida al lado de Carl. Ahí estuvo la aventura.


Ahora todos hagan ahhh. No se la pueden perder. Por cierto, el corto que pasan al inicio es bastante bueno.


También ví de nuevo Mi gran boda griega, de Joel Zwick (Estados Unidos - Canadá, 2002) y me reí horrores recordando:


- What do you mean he don't eat no meat?

[the entire room stops, in shock]

Oh, that's okay. I make lamb.

- What is wrong with Toula going to school downtown?

There is drugs downtown!

- My dad believed in two things: That Greeks should educate non Greeks about being Greek and every ailment from psoriasis to poison ivy can be cured with Windex.

- Give a word, any word and I’ll show that the root of that word is greek.



jueves, junio 18

Sin título

Había vivido en un espacio donde cada centímetro se encontraba limpísimo y romo, no fuera que el bebé (como lo llamaban hasta sus actuales 29), se hiciera una cortadita.

Rosa le amarró las agujetas hasta los 8 años, a los 15 todavía le preparaba el baño en las mañanas y a los 20 le gustaba cortarle los bisteces en cuadritos pequeños. Cenaban religiosamente todas las noches.

Si Rodrigo alguna vez hubiera escuchado el diálogo de incio de El topo, descartaría la película de inmediato. Nunca enterraría el retrato de su madre, aún si eso implicaba no llegar a ser un hombre.

Un mal día a Rosa la sorprendió un infarto cerebral. Se quedó en los brazos de Rodrigo, quien con una voz más queda y grave de lo habitual sólo atinaba a decir mamá, entre la conciencia del cuerpo exangüe que sostenía y la incredulidad, cortesía de la sorpresa. No se supo bien a bien, pero era de todos conocido que la depresión y ansiedad que le sobrevino después de la quiebra de su marido la tenía muy deteriorada.

Todo parecía tan irreal, que terminó por estar de acuerdo con la tía que claridosamente afirmaba que eso no había pasado, que debían estar soñando. Claro, la vida es sueño, pensó él.

Desde el funeral, sólo unas lágrimas adornaban su ya de por sí inexpresivo rostro. Rodrigo nunca había querido ser un hombre, ¿Por qué tenía entonces que enterrar ya no el retrato, sino el cuerpo de su madre?

Cada mañana le despertaba un llanto incesante. Una tarde el llanto paró. Apareció sobre la mesa un frasco dentro del cual flotaba una mano. Había traído a Rosa de vuelta. El resto de las mujeres estaban muertas para él, pero qué importaba, si podía oler su perfume de nuevo.

miércoles, junio 17

I'm mister lonely


La secuencia inicial es fabulosa: Un Michael Jackson con todo y tapabocas, pasea, casi deslizándose, en una bicicleta pequeña con un monito alado. El ritmo es lento y de fondo suena la canción que le da el título, Mr. Lonely.

La peli (E.U., Inglaterra, Francia, Irlanda, 2007) de Harmony Korine (sí, el mismo de Kids) plantea una pregunta (o una respuesta): ¿Cómo es el día a día de los imitadores que han suplantado su vida por la de ese personaje? ¿Cómo se intenta vivir deliberadamente la vida de otro con sus expresiones, gestos y manías pero sin su originalidad? Así no queda más remedio que hacer sketches callejeros y entretener ancianos. Al menos así pinta la vida para Michael.


Los atuendos brillositos, la cara de pulmón colapsado, el cabello negro y lacio y la tez pálida le dan una identidad, que hasta el momento no ha encontrado raíz, hasta que conoce a Marylin Monroe, quien la lleva a una castillo escocés donde conoce a otro montón de imitadores, incluido Chaplin, esposo de la Monroe.


Narcisista: encuentro la identidad entre aquellos que se me asemejan.


Todo parece un collage bizarro. Una fiesta donde concluyen Michael Jackson, la Monroe, Chaplin, James Dean, el Papa, Madonna, Lincoln, los 3 chiflados y la Caperucita Roja no puede ser sino un franco alucine, un teatro de vida donde no se sabe hasta qué punto el ajuar frena los impulsos propios de la persona en pos del personaje.


Pareciera que eso sólo ocurre en el extremo de la caracterización, pero ocurre frecuentemente que la adopción de personajes, pasando desde el típico cool, hasta el reservadísimo, no deja mucho espacio para mostrar las caras originarias.


Dejando la chaqueta mental atrás, sigamos con la peli que, insisto, tiene secuencias muy vistosas (por momentos me recordó a Elefante de Gus Van Sant), un gran diseño de arte y fotografía pero no logra cujar del todo y se mueve entre una cosa verdaderamente buena y otra wannabe. Vale la pena verla, échenle un ojo.



Luego vi Más negro que la noche (México, 1975) de Carlos Enrique Taboada. Muy buena. Muy típica: narra la historia de la típica tía rica que vive típicamente sola con su mascota, el típico gato negro, más negro que la noche, el cual parece ser el único dueño de sus afectos.


Cuando la tía muere hereda todo a su sobrina Ofelia (Claudia Islas), con la típica condición de que cuide a su gato Bequer.


En la típicamente macabra casa, vive una típica sirvienta siniestra, de mirada dura y que fue absolutamente leal a la refinada dueña de la casa.


Ofelia se muda a la casa con tres amigas no muy afectas a los gatos que, por supuesto, poco hacen por cuidarlo, así que cuando Bequer muere, la furia de la extinta tía cae sobre las muchachitas.


Una maravilla ver a Claudia Islas, Helena Rojo, Susana Dosamantes y Lucía Méndez hace 30 años, jovencitas, lozanas y sin cirugías (ah como ha cambiado la Méndez!). Por cierto, también sale Pedro Armendáriz hace 30 kilos, todo un chamaco.


Siempre me hace bastante gracias ver la mochería mexicana haciendo de las suyas en la pantalla, como si de veras… y ya saben, entre mujeres de pícara coquetería pero que se dan a respetar transcurre la poco más de hora y media que dura la peli.


Entendida en su contexto da miedito y eso sí, está muy bien hecha. Todo un clásico.

lunes, junio 15

Mini ficción


Boy meets girls. Boy loses girl. Boy builds girl.
-Anónimo-

Vía algarabía... Todo fuera como eso.


miércoles, junio 10

Verano fatal

Los días duraban años,

entre tus ojos y el mar.

Las noches duraban siglos,

entre tus gritos y el bar.

Fue un verano fatal.

-Prietto viaja al cosmos con Mariano-


¿Y qué de esas miradas que se encuentran en el calor de la noche?

¿Qué de las borracheras que en apariencia existen sólo para aliviar el calor aunque en realidad signifiquen una invocación?

Momento en que la comodidad de ayuntarse juntos, hace imaginar que los días duran años y los susurros hacen eco durante muchos veranos más.

¿Y qué, si llega como un temporal?

¿Y qué, si con su mismo nombre anuncia la fecha de caducidad?

Qué va, ya llegará el invierno.


martes, junio 9

La última vida en el universo


Suicidio sin lugares comunes. No por penas de amor. No por angustias financieras. Ahora tiene un nuevo sentido, se lo debe a la hiper comunicación. Suicidio. Ahora sería como tomar una siesta. Sin celulares. Sin correos electrónicos. Sin 'ahorita mismo'. Olvídate de los segundos y de los nano segundos. Resulta una buena solución para el hastío. Promete curar la anhedonia. Si lo hicieras podrías volver a disfrutar. ¿No?

La última vida en el universo (Tailandia-Japón 2003), puede verse desde muchas perspectivas. Yo me quedo con el tiempo. Lejos de ediciones frenéticas, nos invita a permanecer en silencio ante el nuevo sentido de la urgencia, por lo menos durante el rato que dura la película. Invita a meterse en la piel de Kenji. A sentir ese hartazgo que provocan la asepsia y el inalterable orden, seguido del interés que se renueva en la punta del caos al lado de Noi, conectándolos de la forma en que sólo la tragedia, sabrosamente, puede hacerlo.

Muuuy recomendable. No se pierdan la fotografía de Chistopher Doyle (ese que ha hecho tanta cosa bonita con Wong Kar-Wai).