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jueves, septiembre 2

Osito de goma verde

Un día como cualquiera, los ositos de goma celebraban un mítin.
Entre ellos destacaba uno pro maría juana (su cuerpecito lo delataba).



El osito verde insistió en que debían incluir en la orden del día la legalización de la marihuana.
Después de burlarse de su verde atuendo, los otros comenzaron a hacerlo a un lado.
El osito amarillo iba pedísimo pero, según ellos, la afición al alcohol era más respetable que el pastito ese. Además si el osito estaba amarillo era por zamparse una botella de finísimo whisky, lo que le daba  harto caché. 




Contrariado por tan simiescos razonamientos, el osito verde se dio la media vuelta.











- Le gusta la droga para los pobres, dijeron los otros entre risas.
- ¡Idiotas! Dijo el osito verde y se siguió de largo.










¿Qué hará ahora el osito verde?
¿Le entrará a las finísimas bebidas y se pondrá amarillo?
¿Comprará drogas de diseño para que no le digan que está jodido?
¿Hará su maleta y se irá a California?

Espérenlo.

jueves, febrero 11

Para amores enfermos...

Les dejo un cuento hecho por su servilleta. 

TRINIDAD

Si quieres ser un hombre, tienes que enterrar tu primer juguete y el retrato de tu madre.

Había vivido en un espacio donde cada centímetro se encontraba limpísimo y romo, no fuera que el bebé, como lo llamaba su madre hasta sus actuales veintinueve, se hiciera una cortadita.

Rosa le amarró las agujetas hasta los ocho años, a los quince todavía le preparaba el baño y a los veinte le cortaba los bisteces en cuadritos pequeños.

Con señas que sólo Rosa podía entender, todos los días, desde la cama, Rodrigo le indicaba qué quería desayunar.

Cuando entró a trabajar, Rosa se ocupó de prepararle el lunch de la misma forma que lo había hecho desde que empezó la primaria. Todos los días le arreglaba el nudo de la corbata, como antes lo había hecho con los cuellos blancos de las camisas escolares.

Después de ver
El topo, Rodrigo descartó la película de inmediato. Nunca enterraría el retrato de su madre ni a su koala de peluche.

Un mal día a Rosa la sorprendió un infarto cerebral. Se quedó en los brazos de Rodrigo quien, con una voz más queda y grave de lo habitual, sólo atinaba a decir mamá, mientras sostenía aquel cuerpo exangüe entre sus brazos.

Durante el funeral, sólo unas lágrimas adornaban su ya de por sí inexpresivo rostro. ¿Por qué tenía que enterrar ya no el retrato, sino el cuerpo de su madre?

Una noche soñó que Rosa entraba en su cuarto y le daba el beso de las buenas noches. Se despertó pensando qué le pediría para desayunar. Instantes después la recordó muerta y desde ese día comenzó un llanto incesante.

Una tarde el llanto paró. Sobre la mesa, junto al retrato de Rosa, colocó un frasco en el que flotaba una mano. Su madre de vuelta. El koala de peluche lo observó sonriente.

lunes, enero 25

Me revienta olvidar las muertes

Recién me fui de mi casa, acampé en la sala de mi abuela materna y mi tía. Eso fue a finales de 2005, cuando ya había terminado la carrera.


Me pareció buena idea vivir ahí mientras conseguía una renta aceptable. Siempre tuve ganas de volver, aunque fuera un rato con ella, que fue la imagen de la entereza durante mi infancia y adolescencia. También fue ella quien fomentó mi amor por los libros y me dio mis primeras Narraciones extraordinarias de Poe, seguidas de un montón de historias más (por eso había querido hacer este post el día del libro y el día del abuelo, pero me ponía demasiado sentimental).


Mi abuela terminó viviendo sus últimos años en ese condenado departamento por causas que preferiría recordar con menor vehemencia. El bullicio del rumbo le impidió salir a caminar; no tardó en deteriorarse y comenzó a perder la memoria. Hasta el último día que habló coherentemente dijo que quería desaparecer. 


Después de eso todo fue un mosaico de momentos y nombres de lo más dispares. La más triste de mis sorpresas fue el día que no me reconoció más. Le dije mi nombre y parecía no recordarlo. La incertidumbre me hizo un nudo en la garganta y ella se quedó mirando hacia una esquina, como si nada. Luego me cambió el nombre por el de una comadre suya y así un par de veces más.


Me sentía nada sin su recuerdo y no pude tomar las cosas con un ápice de humor y preferí hacerme a un lado a presenciar de cerca la vida que le daba el oxigenador cerebral. Odiaba verla negándose a comer a gritos, odiaba verla olvidar el vaso y tomar directo de bote de leche, en suma, odié verla desmoronándose. La abracé unas cuantas veces más y huí cobardemente.


Para marzo de 2006 ya tenía unos meses que me había mudado. Una mañana recibí la llama esperada y no por ello menos indeseada de su muerte. Aturdida, no deseaba más que trabajar todo ese día para aplacar mis sentimientos. No quería llorar en el velorio, no quería ver ni hablar con nadie de nada.


Este fin de semana soñé que visitaba a mi abuela y a mi tía. Me lamentaba que hubiera pasado tanto tiempo. Esa tarde me daría el tiempo para ir. Cuando abrí los ojos me sorprendí pensando qué le gustaría que llevara para comer, qué cosa no le haría daño. Después recordé que murió hace casi 4 años y me odié por haberlo olvidado, porque hay en ese sueño una pizca de mi único arrepentimiento.

viernes, enero 8

Ethan Hawke me preguntó ¿Qué es la felicidad?



Ok, ok, fue sólo en un sueño, pero muy particular.

Estoy dentro de un cuarto blanco, sentada sobre un sillón de terciopelo púrpura. Entonces entra Ethan Hawke, con una playera blanca y esa apariencia desgarbada a medio rasurar y a medio peinar, que me parece tan atractiva.

Se me acerca y pregunta: - Ana, ¿Qué es la felicidad? Me quedo pensando un momento y le respondo: - Ethan, ¿recuerdas esa película en la que actuaste, Grandes esperanzas? ¿Recuerdas esa secuencia en la que Gwyneth Paltrow se inclina a tomar agua de un bebedero? El momento en que se levanta y te sonríe, tú te quedas mirándola y luego se besan; eso, Ethan , es la felicidad.

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¿A qué se debió tal cosa? Quién sabe, pero me causó harta gracias el tono confianzudote en que nos hablábamos. Sin duda podría seguir 'adoctrinando' a Ethan en mis próximos sueños.