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miércoles, diciembre 22

52 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca

Comenzaré con los recuentos de este año. Tal vez de nada sirvan, tal vez sean sólo un ejercicio de memoria o tal vez la necesidad de saber que este año significó algo. Por mi parte, lo dejo escrito para saber, en un futuro no muy lejano, si pasó la prueba del añejo.

Ahora les va una breve explicación del certificado de añejamiento que otorgo a mis películas favoritas: 

Es 1999, tengo 17 años, estoy en sexto de prepa y atravieso por la adolescencia cinéfila. Corro a ver Belleza Americana que para el momento de su estreno ya ha hecho bastante ruido. Me encanta y la veo más de tres veces. Me enloquece la escena de la bolsa.

10 años después la veo de nuevo y me sigue gustando PERO unas dos rayitas menos. La pareja de chamacos emos (TAN adelantados a su tiempo) no me gusta tanto y la escena final de Anette Benning tampoco. Ya no soy fan de la bolsita danzante, pero sí del dicurso.
Conclusión: es recomendable, pero no al grado de los clásicos.

Aclarado lo anterior, vamos a lo que nos truje: 

LA PIVELINA (Tizza Covi, Rainer Frimmel; Austria; 2009).

Una mujer mayor con el pelo teñido de un rojo imperdible, camina por un parque, tratando de atrapar a su perro. De pronto, se encuentra con una linda niña pequeña, sentada en un columpio. La cría trae una nota y una fotografía en la chamarra: la madre se la ha encargado. Angustiada, regresa al campo de trailers del circo donde trabaja, preguntándose en qué situación debió estar la madre de la pequeña para encargarla con ella, una extraña. Se supo observada, se supo confiable.

Su esposo (o pareja, qué sé yo), insiste en acudir a la policía para evitar que parezca un secuestro. Pero cómo la van a dejar en la policía si es tan pequeña...

Los días que la Pivelina pasa en casa de los cirqueros, le inyecta chispa a su inusual modo de vida. Hasta el vecino adolescente cuida de ella, empeñándose en hacerle pasar buenos ratos. Resulta imposible no quererla, no enamorarse de ese tierno estuche que parece no hacer berrinches y no llorar hasta destrozar los oídos de sus cuidadores.

Al final, la pivelina fue un ejercicio de querer, recibir afecto, aprender y dejar ir. Como muchos quereres. 

NOTA ADICIONAL: Un amargo amigo afirmó, para mi asombro, que si pudiera estar seguro de que tendría una hija como la pivelina, rompería su voto de cero hijos. Sí, tan linda es.

MATERIA BLANCA (White material, Claire Denis, Francia, 2009)

María vidal, jefa de una familia francesa autoexiliada en África, se niega a deja su hacienda cafetalera, a pesar del riesgo inminente. Los conflictos bélicos y raciales son escenario de las devastadoras condiciones que la protagonista, insiste en no dejar, empecinada en la idea de que en Francia su vida sería demasiado fácil, demasiado cómoda. 

Materia blanca: relojes de oro, collares y pendientes que no sirven más que para echarle leña al fuego. 

La actuación de Isabelle Hupert SIEMPRE es digna de verse. 

Recomendable.

LOS GATOS PERSAS (No one knows about persian cats, Bahman Ghobadi, Francia, 2009).

El director de esa joyita titulada Las tortugas pueden volar, lleva al cine la historia de una banda iraní de rock independiente que quiere figurar y salir de gira por todo el mundo a pesar, para bien y mal, de las difíciles circunstancias del país en el que viven. Para bien porque eso les da sonido y contenido que no los deja pasar desapercibidos; malo porque tienen que enfrentarse con una corrupción terrible desde el mero hecho de tramitar visa y pasaporte. 

La banda, inicialmente formada por dos integrantes, encuentra en Nader, no sólo el contacto con el Santo Domigo Iraní, sino un amigo que eventualmente se encariña con ellos y busca ayudarles. Pero como dice el refrán, de buenas intenciones están sembrados los infiernos y panteones. 

Los gatos persas presenta el rompecabezas musical de Irán y que van desde raperos, hasta la versión iraní de Tom Waits. Y claro, el sountrack es maravilloso.

ADVERTENCIA: SI NO LA HAN VISTO SÁLTENSE ESTE PÁRRAFO, QUE AHÍ VIENE UN SPOILER. 
Me pareció que Los gatos persas no mantiene el mejor ritmo pero en el momento final da un levantón increíble. 
Terminada la tristísima canción que cierra, Gruñis, Pok, Carlos y yo pensamos que esta película sería la mejor opción para los orientadores educativos que quisieran formar puro zombie oficinista o empleado respetable. La presentación sería algo así: ¿Tienes sueños? mira nada más lo que te puede pasar...
Y, como buenos orientadores, esconderían la vedad acerca de la banda: que sí la armaron y andan de gira por Europa. 
FIN DEL SPOILER

MUY recomendable. 

LOS CHICOS ESTÁN BIEN (The kids are all right, Lisa Cholodenko, Estados Unidos, 2010) 

Joni y Laser son hijos de la inseminación artificial a la que se sometió un matrimonio lésbico. En plena adolescencia deciden conocer a su padre (Paul) quien, sorprendido pero gustoso, accede.

Paul, interpretado por Mark Ruffalo, se va colando en sus vidas poco a poco, provocando los celos de Nic, la mamá mandona que a todos tiene un poco hartos con su carácter estricto y su muy ocupada vida laboral.

El recién llegado papá significa un respiro para todos, incluso para Jules, la mamá hippie, estancada entre su carrera que no despega y la desatención de Nic, aunque al final termina convertido en un un simple tropezón del que todos parecen recuperarse. 

ADVERTENCIA DE SPOILER
Al final la moraleja parece ser: si tienes familia, ellos estarán ahí aún cuando te hayas comportado bien canalla (previo ofrecimiento de disculpas, claro está); si no tienes familia eres un triste perro solitario, no tienes nada. 
Tan educativa conclusión no fue de mi total agrado, pero aún así, la película es recomendable, los diálogos están bárbaros. 
FIN DEL SPOILER

Recomendable para extensa charla de café.  

Esas fueron mis favoritas de la Muestra. Próximamente mis favoritas de la cartelera comercial 2010. 



viernes, diciembre 17

LAS EDADES DEL CINÉFILO

Cinéfilo: especie que ama el cine, ve tantas películas como puede, las analiza, se divierte, reflexiona, se ve a sí mismo y/o a los demás a través del celuloide. Lo vive y respira, no podría hacer otra cosa. Tarde o temprano se dará cuenta que, como decía Tarkovski, está experimentando el privilegio sentir como vida propia lo que se está desarrollando en la pantalla.

Ama el cine, sí, y su amor es la constante durante las etapas que atravesará hasta convertirse en un cinéfilo mayor. ¿Cuáles son esas etapas? Aquí les dejo unas ideas:

Cinéfilo infante: Le gusta el cine y lo devora. Ve toda la cartelera comercial y una que otra rentada. Se rige bajo los estándares hollywoodenses y critica con la misma vara a todas las películas. Se deja guiar por los actores, no por los directores: 'la nueva de Michael Douglas'. Es un entusiasta.

Cinéfilo adolescente: Por casualidad se topó con Tarantino y/o Jororowsky y/o Greenaway y/o Reygadas y/o cualquier otro transgresor y sintió la luz de la verdad frente a sus ojos. Desprecia profundamente las porquerías que hace Hollywood, prefiere ver cine de arte (así le dice él) para gente culta y entendida. Aunque ha visto una o dos películas de los mencionados directores, siente que lo sabe todo. Vio el séptimo sello y les dice a sus amiguitos que ve 'otro tipo de cine' y aunque no lo entiende, lo alaba. En los 90's vio Pulp fiction y sostuvo que se trataba del no-va-más del cine; en 2003 y 2004 vio Kill BIll 1 y 2 hasta rabiar. Compró una espada en un ataque de fanatismo. Cuando vio el topo, se supo en la cima de la pirámide intelectual respecto de todos sus conocidos. El cinéfilo adolescente puede llegar a ser muy arrogante al grado de auto denominarse orgullosamente snob. Es duro de roer y resulta difícil sostener una charla con él: todo lo sabe, todo lo ha visto. A todos, cinéfilos y no, les vomita sus amplísimos conocimientos en la materia, ante la más mínima provocación. Presume (falsamente) que desde muy my niño comenzó a ver todo Fellini o que vio El discreto encanto de la burguesía cuando iba en la primaria y le encantó. Lamentablemente, muchos cinéfilos nunca en su vida evolucionan y continuan siendo adolescentes hasta el fin de sus días.

Cinéfilo maduro: Es un tipo disciplinado que se esfuerza por conocer el trabajo completo de los directores que le gustan, para tener la satisfacción de conocer sus distintas etapas. No presume. Cuando le preguntan, responde sin arrogancia. Invariablemente, su interlocutor notará el gran amor que tiene por el cine. Si está rodeado de cinéfilos, puede descocerse en una extensísima plática, sino, no pretende lucirse ante nadie. Sabe que la cinefilia es muy similar a la alimentación: el buen cine  es como un filete, los placeres culpables y comerciales son como una hamburguesa. Así que uno puede comer en su mayoría jugosos filetes, pero de vez en cuando se antoja una hamburguesa. Pero una buena, no de las que trasmiten tifoidea. Si algo del llamado 'circuito de arte' no le place, lo dice y lo sostiene con fundamentos. No alaba por seguir a la manada. Reconoce que Hollywood ha hecho cosas espantosas, pero también le ha dado grandes momentos de gloria al cine. Está abierto a ver cine de todo el mundo y conserva la capacidad de sorprenderse. 

Cinéfilo viejito: Si contaba con una banda cinéfila, probablemente todos a) estén jugando con sus nietos, o b) estén muertos. Sus gatos, únicos compañeros que se han mantenido fieles, no pueden acompañarlo al cine, así que el cinefilo solitario lleva una bolsa con whiskas a todas partes para sentir su compañía. Se une a las conversaciones ajenas en la fila, con la esperanza de formar un nuevo rat pack. Es completamente intolerante con la gente que osa hablar dentro de la sala antes de que empiece la función, pues para él equivale a estar echando desmadre en un recinto sagrado. Padece una suerte de neurosis feliz. 

¿Cuál eres?... ¿seguro? Próximamente subiré un test y lo verificaremos.

Gracias mis cinéfilos neuróticos, Pok y Carlos, por sus contribuciones para el presente post.

miércoles, diciembre 15

THE SOCIAL NETWORK



David Fincher vuelve a hacerla y yo le aplaudo de pie.

Las historias de millonarios que aprendieron cómo enriquecerse comprando basura y vendiéndola cara, expandiéndose mientras exprime a sus empleados y sangra a los consumidores o que poseen corporaciones psicópatas (remember The corporation) me dan una hueva inmensa. Pero cuando el dinero fue accesorio, entonces sí, la cosa se pone interesante.

Mark Zuckergberg es el millonario más joven de la historia. Preciso: billonario. ¿Y eso qué? Jodidas encuestas que todo lo reducen a un número.

PARÉNTESIS CULTUROSO.

En algún número de Letras Libres, Gabriel Zaid dijo (palabras más, palabras menos) que para comparar a la gente se le tiene que reducir a un número. Así, la sociedad, inmersa en la competencia trepadora, podría saber quién era el nadador que más metros recorría o el barrendero que más calles barría, lo que reduciría toda la experiencia del nado o el barrido a un número, cuando lo importante era nadar sabroso y barrer contento.

FIN DEL PARÉNTESIS.

Lo interesante de la película, al margen de los millones del joven Zuckerberg es la historia de traición, revancha, soledad, amargura y demás bellezas para las que David Fincher se pinta solo. Es justamente en estos ambientes oscuros donde el director parece moverse con mayor soltura y nos demuestra que la infame Benjamin Button fue sólo un tropezón.

Los personajes están perfectamente bien armados, así que desde su presentación dan una idea clara del desfile de personalidades que veremos en la pantalla. 

La intensidad y credibilidad de las actuaciones es otro gran mérito de la película y dan cuenta que no fueron en vano las ciento-y-tantas veces que Fincher osó repetir la misma toma: Andrew Garfield, como Eduardo Saverin, se enfundó en elegantes trajes, dispuesto a conseguir clientes de poca monta para la naciente red social; Justin Timberlake, como Sean Parker, el (antes) chavito que creo nada más y nada menos que Napster, el que le pintó dedo a las disqueras; y Jesse Eisenberg interpretando a un Mark Zuckerberg repleto de claroscuros que corre en bermudas, calcetines y chanclas por los pasillos de Harvard, con la mente clavada en esa página que está haciendo, cuyo potencial intuye, pero cuyo tamaño en ese momento no imaginaba. A ratos arrogante y cruel, a ratos solitario, insistente e inseguro, es, por mucho, uno de mis personajes favoritos del año. Aquí una cita brevísima:

Erica Albright: Why do you keep saying I don't need to study?
Mark Zuckerberg: You go tu B.U. ...

The social network logra mantener muy buen ritmo a lo largo de su poco más de dos horas de duración, lo que sólo se puede sostener cuando aparte de tener una buena historia, está bien filmada.

Lo bueno: Todo. En especial la fotografía oscura.
Lo malo: El trailer que pasaban en salas mexicanas no era el bueno.
Lo feo: El trailer chido se quedó acá. 

Corran a verla, es de las imperdibles del año. 

miércoles, noviembre 10

Scott Pilgrim. Y punto.

Sin duda alguna, lo que no se pueden perder de la cartelera es Scott Pilgrim que (por fin) se estrenó el viernes pasado. 

Basada en los 6 volúmenes del muy divertido cómic, la película transcurre con un ritmo impresionante: no se cae ni por un minuto. 

En pocas palabras, se trata de un adultescente que justo cuando empieza a salir con un pollito de 17 años, conoce a la chica de sus sueños: Ramona Flowers, una tough girl que se distingue por sus muy constantes cambios de color en el cabello. Si quiere seguir saliendo con ella, tendrá que vencer a sus 7 ex novios malignos. 

De entrada podría parecer que se trata de una épica para chavitos, pero como toda buena obra tiene más de una lectura: 




En la primera podemos divertirnos viendo la estética de cómic mezclada nintendo en pantalla grande. Y ya saben, todos los WHUP, KROWW y demás onomatopeyas gráficas. 

En otra, nos podemos acordar de las batallas libradas con los malignos y muchas veces omnipresentes ex. Al parecer siempre hay que vencerlos. ¿O acaso se la creyeron cuando su noviecito (a) les dijo que a él el pasado le hacía los mandados y que si hubo alguien antes ni se acordaba? 

Un gesto puede traerles de vuelta a los ex. Porque claro, así como algunos recuerdan a todos sus muertos, algunos otros recuerdan a todos sus ex caídos en batalla. A veces no paran de hacer comparaciones, a veces los recuerdos son inconscientes. A veces uno repite una frase que solía decir el ex. Y pum, se dispara el gatillo que detona olores, colores y (sin) sabores. Pobres de nosotros (de ustedes) si nos topamos uno de esos sujetos que se aferra a lo perdido, porque nuestro barato consuelo será ser recordados después de la graciosa huída. 

Pero bueno, ahí se inventan sus demás lecturas. 

Una cosa que extrañé en la pantalla fue Gideon, el gato de Ramona, quien por cierto es muy bien interpretada por Mary Elizabeth Winstead (que, por cierto, me recordó a Kate Winslet en Eternal sunshine of the spotless mind). 










Y hablando del los personajes, qué buen casting. En serio. Todos los fans asentimos al saber que Michael Cera interpretaría a SP, pero el resto del elenco es buenísimo, especialmente Kieran Culkin y el siempre disfrutable Jason Schwartzman. 


















Lo bueno: Toda!
Lo malo: Que no saliera Gideon el gato.
Lo feo: Como de costumbre, el título en español: Scott Pilgrim Vs. los ex de la chica de sus sueños. 

Sobra decirlo: IMPERDIBLE.  


miércoles, noviembre 3

Mórbido.

Y por acá el recuento de la selección de cortometrajes que pasó Mórbido en un trailer bien grandote.

jueves, octubre 28

La invención de Morel



Hoy, en esta isla, ha ocurrido un milagro. 

Cuentan por ahí que cuando Adolfo Bioy Casares vio a Louise Brooks en La caja de pandora, se enamoró perdidamente: el típico corte bob de los años 20 que llama incesantemente la atención hacia el cuello, la coquetería en la sonrisa y la espigada figura, lo tuvieron en vilo.

Me puedo imaginar a Bioy con la mente repleta de Louise Brooks. Me lo puedo imaginar volviendo una y otra vez a ese recuerdo sin querer. Me lo puedo imaginar exorcizándola mediante pluma y papel en La invención de Morel. Tal vez por eso su lectura causa la sensación de estar viendo una película. 

La novela alude al amor, la inmortalidad, la soledad; temas que interesaban mucho a Bioy, quien temía a la muerte y se decía muy ocupado con las cosas de la vida para en un momento todo cesara. Decía que estaba dispuesto a firmar de inmediato un contrato para vivir 500 años, pero como dicho documento nunca apareció, murió en 1999. 

El prólogo que hizo Borges a la invención de Morel ha sido muy comentado ya que afrimó: "... no me parece una imprecisión o una hipérbole calificarla de perfecta". En una entrevista, Bioy contó que la frase completa de Borges fue: "la trama es perfecta, pero el estilo no" (obviamente no la escribió completa en el prólogo). Y con eso le dijo adiós al yugo de la perfección. 

En pocas palabras, La invención de Morel cuenta la historia de un fugitivo que se encuentra en una isla, donde observa a Faustine, una hermosa mujer. La contempla sin exponerse a que ella lo mire. Cuando pasa frente a ella parece no darse cuenta de su presencia. ¿Por qué no lo mira?, ¿acaso se ha vuelto invisible?, ¿o está muerto y sólo mira y palpa su propia imagen?, ¿quién es la imagen? 

ADVERTENCIA: 
¿Han leído la novela? Si la respuesta es no, dele click aquí para descargarla y sáltense el siguiente párrafo.  

La frase definitiva: 
"... no hay más Faustine que esta imagen para la que no existo."

Lo puse en chiquitito para evitar el spoiler a los que no lo han leído.
Imperdible. Anden, léanlo. 

NOTAS:
La novela inspiró, entre otras cosas:
La película El año pasado en Marienbad de Alain Rasnais. Aún no la veo.
Una instalación realizada por Carlos Boccardo en 1996.
Gracias a Raúl Ojanguren por hacernos leve la espera para y proyectarla en el Film Club Café.


viernes, octubre 15

El futuro del cine mexicano

El domingo pasado fui al coloquio "Cien años de cine en México", que tuvo lugar como parte de la FIL del Zócalo. (El cine mexicano hace tiempo que los cumplió pero ya saben que este año están de moda los centenarios y bicentenarios).

Los invitados: Oscar Blancarte (director de Dulces compañías), Xavier Robles (guionista de Rojo amanecer) y Juan Antonio de la Riva (director de Elisa... antes del fin del mundo).

Entre las preguntas que soltó la moderadora (¿Cuáles son las dificultades para filmar en México?, ¿cuáles son sus películas mexicanas favoritas? y otras) se comenzaban a dibujar dos posturas bien distintas y una moderada. La diferencia se hizo nítida cuando respondieron a ¿Cómo ven el futuro del cine mexicano?

Una postura fue desalentadora: Sobre números gruesos, uno de los ponentes habló del desempleo: si entran unos 30 alumnos al año a las escuelas de cine y sólo figuran 2 ó 3, significa que el resto no tiene trabajo. También mencionó lo difícil que resultaba obtener apoyos económicos aún teniendo un buen (excelente, en sus palabras) proyecto. Luego hizo énfasis en que había mucho junior filmando con el dinero de papi y el dinero de los amigos de papi. Conclusión: El futuro del cine mexicano se ve mal.

Oscar Blancarte, mucho más buena onda, dijo que a las nuevas generaciones les resulta más fácil filmar con las facilidades que brinda la tecnología ya que no tienen que cargar (siempre) con todo el equipo. "Qué bueno que haya esta efervescencia por el cine, qué bueno que haya más gente filmando". Añadió que de esos 2 ó 3 que figuraban, tenían todo un equipo detrás compuesto de gente que no está desempleada. "Dedicarse al cine no significa nada más ser director, hay muchas más posibilidades: ser fotógrafo, guionista, editor, musicalizador".

Me imagino (o quiero pensar) que ese director debe ser muy buen maestro. Y no de esos que lo hacen pensar a uno ¿de esta gente me voy a rodear durante toda mi vida profesional?

Por ahí también se deslizó el tema de la piratería. Obviamente saben que afecta a la industria pero también saben que no se trata simplemente de eso. Claro. ¿Se acuerdan de ese espantoso comercial del papá pirata que pasaban en las salas de cine? Sí, ese que nada más muestras una cara de la moneda, promoviendo la burla y vergüenza una condición económica distinta. Ese que no muestra en qué trabajaba el papá, ni cuántos hijos tiene, tampoco si tiene pareja que trabaje, ni si el sueldo le alcanza nada más para cubrir necesidades básicas. Sentenciosamente dice: paterfamilias, sustento de tu prole, si compras piratería se burlarán de tus hijos y ellos se avergonzarán de tí. A ver cómo le haces, pero tendrás que comprar productos originales. ¿Cómo se supone que eso favorecerá la cultura de la legalidad? 

Juan Antonio de la Riva, después de poner en la mesa el acuerdo que han hecho las distribuidoras en Bolivia con los piratas, preguntó: ¿Quién es más pirata, el que vende una película a $150 o el que la compra a $15?

Nomás léanse la definición de la Convención de Ginebra:  

"Piratería es un acto ilegal de violencia o de detención o todo acto de depredación cometido con un propósito personal por la tripulación o los pasajeros de un buque o aeronave privados y dirigidos contra un buque o aeronave o contra personas o bienes a bordo ellos, cuando se encuentran en alta mar o en algún lugar no sometido a la jurisdicción de ningún Estado."

En pocas palabras: un asalto en descampado. Depredación y fines de lucro a la vista. Ustedes dirán en dónde encaja la analogía. 

Finalmente, una cosa quedó clara: para entrarle al cine, sea en México o en cualquier parte, hay que tener pasión y paciencia.    


domingo, septiembre 26

Freaks

Siempre había preferido los maratones privados: unos cuantos amigos, un montón de películas, el baño siempre limpio y las pizzas calientes a media noche. A neurocinéfila como yo, los molestos cuchicheos, los baños apestosos o los codazos sin querer le enloquecen. 

Este sábado decidí ir al Noctambulante (organizado por Pánico de masas) en compañía de Gruñis, Pok, Alicia y Carlos. Me llevé una grata sorpresa, ya tengo un maratón público añadido a mi agenda mensual.

¿Cómo sobrevivió la neuro-pandilla?
¿Consiguieron sus neurolugares?
¿Qué tanto freak vieron?
¿Qué fue lo mejor de la noche?

Esas repuestas y muchas más en El enebro.


domingo, septiembre 12

Infancias

Como parte del Festival Shorts Shorts de este año, se exhibió Infancias (Enfance, Francia, 2007), una colección de cortometrajes que exhiben el evento decisivo y transformador que marcó la niñez de algunos de los grandes directores: Fritz Lang, Orson Welles, Tati, Hitchcock, Renoir y Bergman.

Se imaginan al pequeño Fritz Lang que desde niño acompañaba su rígida expresión facial con la disciplina del peinado. Imagínenlo tomándose muy seriamente eso de ser nazi, soltando críticas y condenas a una multitud tan inexacta como odiada, para luego recular. La disciplina y homogenización antes alabadas son expuestas a una dura crítica en la atemporal y enorme METRÓPOLIS.

Orson Welles siempre tuvo su rosebud.

Hitchcock vivía en un hogar religioso donde los castigos duros para acusaciones no exploradas, falsas o exageradas, no se hacían esperar. He ahí una de las influencias del característico terror psicológico de sus filmes.

Renoir, desde muy temprano entendió la diferencias de clases y se le adelantó al la apertura de abrazar lo otro mientras él, vestido de tetísimo marinerito, trepaba árboles con un salvaje amigo del bosque.

Un día, Bergman cae en cuenta que su hermana recién nacida es el origen de los problemas entre sus padres y decide que no la quiere. Su hermano mayor lo instiga a matarla y él, dudoso, acepta. Lo intenta y falla. Desiste después de tenerla en los brazos. Se hace latente el conflicto interno, el camino lleno de cuestionamientos que, en este caso, lo condujo a la comprensión del otro. 

Los cortos muestran rasgos del carácter que empezaba a definirse en esos parvulitos y son bastante disfrutables. 

Luego resulta interesante trasladar ese ejercicio al terreno propio. ¿Recuerdan uno de los eventos que, durante su infancia, los haya marcado? Yo me quedaría con un par: el día en que no pude memorizar justamente la lección que mi padre tenía para mí. Mientras me jalaba las orejas por tonta, no quité la vista de la estampa del osito que ilustraba esa palabra. Desde entonces y por bastante años, la disciplina, el orden y el castigo fueron algunas de mis constantes. Pero como no todo son mamadas en la vida, también recuerdo cuando mi abuela puso en mis manos las Historias extraordinarias de Poe, después de esa lectura nada fue igual. 

¿Qué hay de ustedes?











miércoles, septiembre 8

Las buenas hierbas

Hace añales compré El yerberito ilustrado del gran Rius, ese bueno, bonito y peculiar compendio de la herbolaria mexicana. Al poco tiempo ya tomaba una infusión matutina de cola de caballo para purificar mi sangre y vigorizarme. Era totalmente natura. 

Aquello de las buenas hierbas no me era nada ajeno. Aparte de mi afición por los remedios naturistas, mi abuela solía utilizar la flor de manzanilla, o bugambilia u hojas de naranja para hacerme un rico té y sí, el sabor es inmensamente más delicioso y denso que el de las bolsitas rellenas de polvo.

Tales recuerdos vinieron a mi mente, apenas entré a la sala de cine parta ver Las buenas hierbas, la película más reciente de María Novaro (¿se acuerdan de Danzón?), que cuenta la historia de Dalia, cuya vida da un giro a partir de que se entera que su madre, Lala, sufre de Alzheimer y decide acompañarla y cuidarla a lo largo del espiral descendente que comienza a transitar, junto con los olores, sabores y recuerdos de las hierbas que la han acompañado la mayor parte de su vida.  

Debo contarles que por lo general evito ver pelis de este tema, porque 1. Me pongo sentimental, o 2. el guión trata de conmover hasta con el ladrido de un perro. 

La opción 2 definitivamente no es el caso de Las buenas hierbas, ya que trata el tema sin darle tintes de culebrón. Plantea los personajes, te pone el escenario, casi te deja oler el jardín de Lala y deleitarte con la vida happy-hippiosa de su hija. La enfermedad comienza a asomar la cabeza y luego las manos, hasta que se planta por completo en sus vidas. Con el dolor de quien ve desdibujarse frente a sí mismo a un ser querido, Dalia afronta la enfermedad, con todo su engranaje funcionando a cuestas, con su hijo, su trabajo y sus hombres, en fin, justo como suelen llegar esos cambios repentinos. 

SI NO LA HAN VISTO, HAGAN EL FAVOR DE SALTARSE EL PÁRRAFO QUE SIGUE:

El final fue una grata sorpresa. Sin esperar el deterioro 'natural' del cuerpo que ya no se mueve, de la memoria que ya no está aquí ni allá, Dalia toma una decisión bien pensada que antepone los deseos aún lúcidos de Lala a los propios. Fuera egoísmo. 

AHORA SÍ, CONTINÚEN LEYENDO.

La película tiene el tino de clavar varias estocadas a la memoria de los que hemos (y digo hemos porque mi hermana Sierpe experimentó lo mismo) acompañado a alguien durante la pérdida de la memoria. 

Me ocurrió con mi abuela: una parte considerable de mi vida la vi entera, lúcida, fuerte y de repente comenzó a deshacerse como un castillo de arena. Y sí, fue muy duro el día que supe que ya no se podía vestir sola, cuando tantas veces me vistió, que ya no se le daba lo de plato-sopa-boca, cuando demasiadas veces me dio de comer en la boca, que se le olvidó cómo contar, cuando en uno de mis recuerdos más nítidos me enseñó los números, que ya no puede leer, cuando me dio mis primeros libros. Y luego se olvidó hasta de mi nombre. Ese día me di la vuelta de inmediato, ocultando mis ojos llorosos. Ese fue el punto más triste, quise preguntarle: ¿ya no te acuerdas de la que (mal)criaste, consentiste y abrazaste? Y toda esa que era yo con ella se esfumó, porque uno muere cuando es olvidado. 

Me hubiera gustado mucho no verla deteriorarse tanto, convertida en un inerte tótem familiar en torno del que se reunían los que ignoraron que ella mismo dijo que la vida sin libros y sin movimiento no valía la pena. También me hubiera gustado tener más paciencia. Pero qué va, yo tan cobarde no podía verla en sus extravíos y permanecer quieta. 

Tal vez por eso a veces, en sueños, olvido que se murió. 

Terminé con mi azote. 

¡No se la pierdan!

Lo bueno: Ofelia Medina, Úrsula Pruneda y Ana Ofelia Murguía son ENORMES. 
Lo malo: Nada
Lo feo: No pude evitar mis lloriqueos. 

  

martes, agosto 10

El origen. A Nolan lo que quiera.

De pronto despiertas con una idea nueva que se aferrará a ti (y no tú a ella, como podría creerse) como el más resistente de los virus. Luego ese virus se disfrazará de objetivo, así no lo resentirás tanto. Para cuando despiertes, ignorarás por completo que esa idea fue implantada por un grupo de extraños que invadieron tus sueños para lograr un objetivo. Ignorarás su comienzo. 

Esa casi imposible labor es el trabajo de los originistas, comienzonitas o ya de plano, incepcionistas (total, ninguna de las 3 palabras existe).

En pantalla veremos a DiCaprio, con la angustia dibujada en su baby face, asegurando que la implantación sí es posible. Y tras el sueño dentro del sueño dentro del sueño (contaron bien, fueron 3 niveles) vendrá el final que, para comodidad del espectador, es completamente abierto. Pero a estas alturas, eso a lo saben. Así que ahora mejor les contaré por qué decidí quedarme con el final gacho: 

La primera vez que leí La ruinas circulares de Borges, compartí con el protagonista su propósito por soñar un hombre con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad, luego caminé junto a él contra los girones de fuego y finalmente compartí el alivio, la humillación y el terror de haber comprendido el sueño. 

En El origen, Christopher Nolan, hace patente la influencia borgiana: laberintos e imposibles que rayan los límites de la mente. Eso me basta para aplaudirle. 

Efectos secundarios de El origen: 
Fantasear que cuando amaneciste teniendo una gran idea en realidad fue producto de una implantación, para luego caer en cuenta de que eso es darte demasiada importancia, pues tus progenitores no tienen un emporio y no has blindado tu imaginación. 

Excelente. 
Ya sé que todos la vieron, así que no tiene caso la recomendación de que NO se la pierdan, así que entonces les recomiendo que lean el cuento.

Lo bueno: La historia, todas las actuaciones. 
Lo malo: Eso de que ciertas cinépolis y cinemex no la estrenaron en la fecha prometida. 
Lo feo: Nada.


viernes, julio 23

El origen (Inception). Estreno a medias.


Con ese director, ese argumento y esos actores, El origen (Cristopher Nolan, Estados Unidos - Reino Unido, 2010) llevaría a las salas de cine a un montón de cinéfilos, aún sin una gran maquinaria de publicidad. La película ya había creado expectación por sí sola. 


A pesar de ello, en Cinemex y Cinépolis se exhibía el trailer continuamente y se montaron espectaculares que tenían hoy como fecha de estreno. 

Ahora resulta que precisamente en tales complejos de exhibición no se va a estrenar El origen, por lo que solamente podremos verla en Cinemark, Cinemas Lumiere y  Cinemas Center Plaza.

La razón no se conoce con certeza, pero algo tendrá que ver el Poderoso Caballero, ¿pues quién más?

Ahí les dejo el dato para que no se la pierdan.  

viernes, julio 2

Cinema, mon amour

Si la memoria no me traiciona, fue por allá de 1998 cuando compré mi primera Cinemanía (durante tercero de secundaria acostumbraba Premiere). Entre el contenido más o menos acostumbrado, una sección me atrapó completamente: las críticas de La Zorra. Tal sección era bien amplia: dos páginas repletas de cavilaciones y análisis acerca de la película. El plus: ponía en perspectiva a los personajes consigo misma y con el respetable.

Yo, que desde entonces disfrutaba mucho mi tendencia por las chaquetas mentales y las preguntas y repreguntas, me volví una entusiasta lectora de las críticas y análisis cinematográficos, en las que he disfrutado, entre otras cosas, la deliciosa disección de los personajes de películas como Carácter y Fenómenos, entre otras.

Hace algunas semanas leí este artículo de Nicolás Alvarado, donde dice que: "Creo que la crítica cinematográfica es un género literario. No estaría completa la lista de mis textos favoritos de Guillermo Cabrera Infante si no incluyera varios de los que escribió sobre cine. Y tampoco sería exhaustiva la nómina de mis autores admirados si no figuraran en ella Emilio García Riera y Siegfried Kracauer.  En sus mejores avatares, un crítico fílmico es un ensayista que hace de una película mero pretexto para ofrecer una reflexión original sobre el arte y/o sobre la vida, bajo una forma conmovedora y memorable."


Coincido y lo aplaudo. Una lectura tan sabrosa como Cine o sardina de Guillermo Cabrera Infante nos da cuenta de la pasión que orilla al autor a preferir una función de cine sobre cualquier otra cosa, incluso, la comida. 

Afortunado hallazgo el que tuve con La Zorra, cuyas críticas me iniciaron en esta pasión tan hermosa, tan tirana.


lunes, junio 7

ABEL

Una tarde, Abel sale del psiquiátrico de Aguascalientes de la mano de su madre. Al llegar a su casa, todo es silencio: Abel aún se niega a hablar. Sus hermanos, una adolescente y un niño de 6 años, apenas le hablan. Parecen temerosos de lo que pasó y lo que aún pueda pasar.

Durante la noche un cambio se gesta en nuestro protagonista: se lava los dientes con el cepillo de su padre y se pone su enorme pijama.

Al siguiente día Abel comienza a hablar de nuevo, asumiendo el papel del padre de sus hermanos y el esposo de su madre. A sus tiernos 10 años, Abel parece todo un señorcito.

Un buen día, el padre vuelve de su ausencia con justificaciones a medias. ¿Y usted quién es? Le pregunta Abel...

Abel, (Diego Luna, México, 2010) es una película como pocas: sugerente. No cae en el viejo truco del flashback y realmente lo vuelve innecesario de cara a la historia que nos cuenta. Los personajes están muy bien desarrollados y su contexto da para muchas charlas de sobremesa.

Hacía tiempo que no veía una obra donde, siguiendo lo que dice David Mamet en su libro Dirigir cine, sno caiga en el descaro de mostrar absolutamente todo al espectador. 

Espléndida. No se la pierdan. 

Lo bueno: En general muy buenas actuaciones. La sorpresa va desde lo bien parado que sale Jose María Yazpik, hasta el encanto, bien naturalito, de Abel y su hermano. 
Lo malo: Quienes haya visto J.C. Chávez, la peli anterior de Diego Luna, tal vez no tengan ganas de verlo de nuevo tras la cámara, pero créanme, esta vez lo hace muy bien. 
Lo feo: Nada. 


jueves, mayo 27

Moon (the hardest thing to see is yourself)


En el futuro, la energía extraída de la tierra será un mal recuerdo ya que habrá sido sustituida por energía limpia de la luna que Industrias Lunar se encargará de traer para todos.

Hace casi tres años Sam Bell (Sam Rockwell), un empleado de tal empresa, alunizó y desde entonces ha estado cosechando esa energía. A sólo un par de semanas de su regreso a la Tierra, no para de pensar en que verá de nuevo a su esposa y a su hija pequeña, aunque últimamente ha comenzado a alucinar y a sentirse un poco mal. Menos mal que Gerty (en voz de Kevin Spacey), el robot amigable, ha sido programado para acompañarlo durante  su estancia en la luna con la única misión de ayudarlo. Ese día sale a cosechar y al  observar a una mujer, se distrae y choca.

Cuando despierta, Sam se encuentra acostado en el interior de la nave. Gerty se acerca y le dice que se está recuperando del accidente. El protagonista no recuerda nada y con trabajos se pone de pie. Claro, el choque debió lesionarle las piernas. Un mensaje de la compañía le dice que un equipo se prepara para ir a la luna y reparar la cosechadora.


Después de convencer a Gerty de que lo dejara salir, Sam encuentra la cosechadora accidentada y dentro de ella, otro Sam Bell.


Y justo ahí empiezaron los giros que me trajeron en un rush filosófico durante toda la película.

No sigo porque no se las quiero arruinar, pero uf uf uf, no se la pueden perder. 

Moon, es de esas películas que al final te dejan con los pensamientos revueltos, al mostrar que aún los mismos recuerdos y las mismas circunstancias, producen conciencias distintas, algunas más tendientes a rascar las aparentes verdades. 
Grandiosa de principio a fin. 

Por cierto, este es apenas en segundo largometraje de Duncan Jones, hijo de David Bowie. Habrá que seguirle la pista. 

miércoles, mayo 12

Foro Internacional de la Cineteca. Daniel y Ana.


Debo confesar que moría de ganas por ver actuar  a Darío Yazbek Bernal, en efecto, el hermano menor de Gael García que, por cierto, me pareció un pelín menos carismático, o tal vez sólo necesite actuar en una película menos mala.

Bueno ya, vamos a lo que nos truje.

La semana pasada empezó el Foro Internacional de la Cineteca, así que me lancé a ver Intimidades de una joven rubia y Daniel y Ana, para empezar.

De Intimidades de una joven rubia (Manoel de Oliveira, Portugal, 2009) ni me pregunten, es tan pesada y al final tan babosa que me dormí durante 30 de los 60 minutos que dura.

Daniel y Ana (Michel Franco, México, 2010), parecía una propuesta interesante: El desastre mental que sufren dos hermanos después de un secuestro sui generis.

Se las voy a contar para evitarles la pena de que la vean.

Resulta que este par de hermanos de clase alta no tienen ningún contratiempo en la vida y hasta son buenos amigos. Daniel va a la prepa, tiene una noviecita con la que no se ha acostado y se está preparando para correr un maratón. Ana va a la Ibero, está comprometida con su novio y se la pasa en los preparativos de la boda.

Un día, camino a su casa, los secuestran y los llevan a una casa donde los obligan a coger frente a una cámara. Ajá, todavía suena interesante, pero es justo ahí donde la peli empieza a descomponerse: el secuestrador haciéndola de director de cine porno es espantosa, combina o más bien confunde el tono amenazante con el amable en un diálogo como este: 'Mastúrbalo, Ana', 'Bésalo, Ana, con la boca abierta, bésalo más, ¿en qué quedamos?' (léase en el tono más acartonado posible).

Luego uno de sus chalanes casi se mete a cuadro durante la incestuosa filmación, como si no importara. No me chinguen, hasta en el porno hay calidad... Bueno, el caso es que una vez que cogen los regresan a la comodidad de la cajuela de su automóvil y lo dejan en una calle cualquiera. Entonces los chamacones regresan a su casa como si nada. 

Ana deja de ir a la escuela y rompe su compromiso. Daniel tampoco se aparece en la escuela y se refugia en las matinés. Y a partir de ahí, la película se va de hocico y sin meter las manos. 

A pesar de que la peli plantea la existencia de un hecho capaz de producir una transformación en los personajes, la caga estrepitosamente al convertir las reacciones de los personajes y todas las situaciones que los rodean en el argumento de una vil taranovela, como centrarse en que Ana ha roto su pitero compromiso '¿Y qué vamos a hacer con la boda?', 'No podemos devolverle el dinero', '¿Peleaste con Rafa?', para luego decir que siempre sí se casa... ¡Joder! Entonces la sinopsis debió ser: Después de ser secuestrada junto con su hermano, Ana decide romper su compromiso y guardar silencio, para después, darse cuenta de que sí está convencida de querer casarse. En realidad de eso se trata, lo demás parece paja hard.

Hay un momento en que la película se recupera, al dejar claro que el que de plano salió muy parado de la experiencia fue Daniel; sin embargo, es sólo un momento de claridad que después es opacado por lo que parecen gags tipo American pie. 

Una lástima, la historia daba para una buena exploración del lado oscuro, pero todo se queda en puras superficialidades. 

Daniel y Ana quedará en mi lista negra en la misma posición de deshonor que ocupa Quemar las naves. 

Lo bueno: Ver a Darío Yazbek. Y ya. 
Lo malo: Cuando sacas a casi todo el elenco de TV Azteca es obvio que las actuaciones van a estar de la chingada. 
Lo feo: Aparte de ser una mamada, la película usa música que la hace parecer pretenciosa y desentona asquerosamente.  


martes, mayo 11

El último camino (The road)


No sé ustedes, pero yo me cansé de ver historias del fin del mundo con meteoritos y vistosos desastres naturales, en las que la angustia se centra en huir de las piedras, llamas y demás mamadas.

Es más, ya no quiero quiero que me cuenten cómo termina el mundo, sino qué pasará después.

Esa es justamente la historia que explora Cormac McCarthy en su libro The road (2006), donde un padre y su hijo se encaminan al sur después de que el mundo ha quedado en ruinas y se toparán no con arañas gigantes o extraños mutantes, sino con la mezquindad y miseria humanas. 

La película dirigida por John Hillcoat, que en español lleva el idiota título de El último camino, adapta para la pantalla grande el libro, con muy buenos resultados. Aunque me parece que al principio el personaje del niño no arranca con fuerza, se recupera muy bien y logra transmitir esa ingenuidad que en un mundo así, sólo quien no conoce la luz del sol, puede tener. 

Podríamos sentir lástima por el niño, porque nunca ha convivido con sus iguales, porque su desolada madre prefirió perderse en la nada, porque cuando mira un cadáver su padre le dice 'nada que no hayas visto', porque siempre ha vivido en penumbras, en fin, porque es la personificación de una infancia triste. No obstante lo anterior, sentí más lástima por el personaje del padre, porque él sí sabía lo que eran la brisa y la luz del día, recordaba a su esposa y recordaba que el mundo no siempre estuvo así y eventualmente se había convertido en un ser hostil y desconfiado. Nada peor que haber tenido y no poder olvidar. 

Ahí les va una línea: 

I think it's October but I can't be sure. I haven't kept a calender for five years. Each day is more gray than the one before. Each night is darker - beyond darkness. The world gets colder week by week as the world slowly dies. No animals have survived. All the crops are long gone. Someday all the trees in the world will have fallen. 

La película aún sigue en cartelera, así que no se la pierdan. 
Y si tienen un tiempecito lean el libro, coloreará de gris sus ánimos. 

Lo bueno: Viggo Mortensen fue la mejor opción para personificar al hombre. 
Lo malo: Me pareció buena a secas, ya veremos después si pasa la prueba del añejo. 
Lo feo: Nuevamente, el póster. 


martes, abril 27

El imaginario mundo del Doctor Parnassus (por fin)

Desde su estreno en el Festival de Cine de Morelia, por allá de octubre del año pasado, había esperado esta película con ansias, pero me sucedió lo que justo ahora me pasa con La Carretera, nomás no se estrena a pesar de que semana tras semana está anunciada en el menú de 'próximos estrenos'.

Bueno, la cosa es que por fin (en realidad hace un par de semanas) pude ver la ansiada peli que en resumidas cuentas se trata de la compañía itinerante de teatro del Doctor Parnassus (Christopher Plummer), que ofrece a sus espectadores atravesar un espejo con la atractiva (y desconocida) catafixia de ganar la gloria y su correspondiente luz o el infierno y su deliciosa oscuridad. 

Parny se encuentra en problemas porque siglos atrás hizo una apuesta con el diablo (Tom Waits, yeah!) y ganó inmortalidad. Luego pidió juventud en lugar de inmortalidad a cambio de darle al respetable Señor Oscuro a su primera hija, cuando cumpliera 16 años. Ahora la chamaca está por cumplir sus sweet sixteen y el diablo, compasivo como de costumbre, le ofrece una nueva apuesta... 

En esas preocupaciones andaba el protagonista cuando se topa con Tony (Heath Ledger/ Johnny Depp/ Jude Law/ Colin Farrell), quien lo pondrá a punto de ganar o perder.

Basta. No contaré más. Sólo les digo que a raíz de la muerte de Ledger, el director, Terry Gilliam (sí, el de Monthy Python), tuvo que modificar el guión y le salió tan bien que ahora no me lo puedo imaginar sin la terna adicional.

Por cierto, Andrew Garfiel, que actúa el papel de Anton, me sorprendió tanto como Paul Dano la primera vez que lo vi. Habrá que seguirle la pista. 

Aunque este post llega con el retraso producto de mis dilemas existenciales y ahora está en pocos cines, de verdad les digo que no se la pierdan.

Lo bueno: Que digo bueno, fabuloso, es el mundo de Parnassus.
Lo malo: Que el estreno se retrasara tanto.
Lo feo: El póster, en serio es hórrido. Lo bueno es que en en el resto del mundo no la cagaron, pueden comprobarlo aquí.