
martes, agosto 4
Reprise/Vivir de nuevo

viernes, julio 31
¿Qué es un viaje?
Un viaje es la invocación de la distancia para el encuentro, dice Federico Reyes-Heroles.
Desde que la conozco, esa definición siempre me ha gustado, tal vez por las veces en que he osado invocar esa distancia para el encuentro o para el olvido.
Suelo hacer viajes SEMI – aventureros, porque hace años que no acampo y por lo general me gusta bañarme con agua tibia. El caso es que para tales viajecitos [que no viaaaaajes], sé en dónde podría hospedarme y a qué pueblo llegar. No más. He ahí el cosito de la aventura, salir de A con dirección a B, sin predefinir qué tanto puede ocurrir entre ambos puntos.
Y es lo bueno: soltar las amarras, dejarse llevar. Soy una convencida de que la excesiva planeación y las cuadraturas, son tan aburridas (diría Cortázar) como escribir toda la vida en un cuaderno rayado.
He dicho alguna vez que detesto las rutinas y tal vez por eso me gusten tanto los viajes con todo y sus eventuales imprevistos, porque te ponen en ese aprieto tan común, tan sorteable y a la vez tan angustioso: aún haciendo las cosas ‘bien’, aún planeándolo todo anticipadamente, pueden salir varias cagadas.
He ahí la vida: una suma de planes de escritorio que en su mayoría son borroneados regresando de la práctica de campo.
A veces se desea que las cosas sean como las pensamos y ahí está el error. La realidad es y tú la acomodas, participas en ella. Así se sigue el camino con naturalidad, sin pensar si se borra o te pierdes.
De eso modo, viajar se vuelve una prueba de flexibilidad, con chancecitos para corregir o renovar y dejar atrás condicionamientos para volver a reaccionar.
miércoles, julio 29
Gomorra

Leí Gomorra de Roberto Saviano el año pasado y debo decir que me gustó mucho esta otra cara de la mafia, que a pesar de encontrarse desprovista de glamour, conserva esa cosita que hace de la mafia italiana tan dura de pelar: no sólo está enquistada en el tejido social, sino que lo ha permeado; más aún, ya no se concibe su existencia sin ella. Convertida en un pilar de la economía, el Estado hace lo posible por bajarse la banqueta cuando la ve pasar, y asegurándose de que nadie lo vea, se quita el sombrero ante su paso.
El libro transcurre entre drogas, alta costura y sanguinarias venganzas [nunca imaginé todos los secretos que escondía el puerto de Nápoles detrás de sus finísimas exportaciones], nos sumerge en el mundo nunca carente de sentido de estos suspirantes a matones de película que escuchan el más fresa pop italiano mientras le dan cuello a sus encargos.
Aquí un fragmento:
"Aquella mujer se pasó toda la noche arreglando la tienda, como si ordenar pudiese cancelar lo que había pasado, como si reestablecer el orden en los cartones de leche pudiera relegar a los pocos minutos en que se había producido la emboscada, sólo a esos minutos, el peso de la muerte."
Como buena seguidora de la cosa nostra, me emocioné cuando supe que se haría peli, aunque ya sabía que no vería a los típicos sujetos envueltos en trajes italianos, calzando zapatos perfectamente limpios, sino algo más parecido al grupo de Tony Soprano, mafiosos en pants.
Arrastré a la Sierpe al estreno de Gomorra (Matteo Garrone, Italia, 2008) y le aseguré que estaría buena (en realidada hablaba al tanteo). Error. Debí saberlo desde la secuencia inicial: una matanza en lo que parece un salón de belleza para caballeros, con algo de pop italiano sonando de fondo. No es que la secuencia por sí misma sea mala, pero toda película es así, no te calienta con la historia previa y simplemente entra directo a los balazos.
El libro me supo a destino fatal e insalvable [nacer en ciertos lugares significa ser el cachorro de perro de caza que nace con el olor de la liebre en el hocico]; la peli no me supo a nada.
Han pasado pocas semanas desde que la vi y puedo asegurarles que no pasó la prueba del añejo inmediato, no tiene ningún personaje memorable (la anécdota del vestido de Scalett Johansson francamente desluce y el de Angelina Jolie ni aparece). El cuarto de edición, sin problema pudo haber quitado 37 de los 137 minutos que dura.
Yo recomiendo que no la vean a menos que tengan poco sueño y necesiten algo que los incite a dormir, mejor échense el libro, pero si insisten en ver a la mafia en pantalla, opten por el GRAN clásico Goodfellas (Martin Scorsese, EUA, 1990).
miércoles, julio 22
John Dillinger no ha muerto

lunes, julio 13
Clive Barker. All you need is blood.

martes, julio 7
Licenciada no es un nombre
- La Licenciada y el mar.
- Platero y la Licenciada.
- El Licenciado Páramo.
lunes, julio 6
Post con retraso

Luego le siguió el vive latino. GrAAAndes bandas, GRAaaaNDES descubrimientos y bonitos, RE bonitos momentos. Pate de fuá con sus tanguitos hicieron mi delicia en la carpa intolerante, Maligno me dejó con ganas de entrar en la UNIVERSEVIL. León de Zoé como siempre una delicia sobre el escenario con ese aspecto entre perdido y alterado TAN pero TAN agradable al ojo. Adanowsky es aún más sexy de lo que suena (y suena a cabaretito), Molotov y Jaguares me hicieron recordar los bonitos tiempos idos, en los que no tenía responsabilidad alguna y me dedicaba a saltar. Recordar a Yokozuna aún me hace reír. La Casta y sus diablos sobre el escenario fueron todo un viaje, los Cadillacs, una fiesta, Calamaro querido! cantó una estrofita de volver y me hizo muy, muy feliz.
Luego por supuesto que tuve mi atasque de Calamaro en el Plaza Condesa donde, contrario a los pronósticos, una bola de pendejetes se armaron a golpes justo durante el inicio de 'sin documentos' de modo que el cantante detuvo la canción hasta que pararan la riña. Ash, para la otra que toque en un lugar más civilizado, como el circo violador. Al margen de eso fue un concierto ma-ra-vi-llo-so, lo ví de cerquita, lo escuché con euforia y para mi sorpresa al lado tenía a un fan from hell superior a la rumi y a mí. Abrió con La parte de adelante, cantó Media Verónica, Me estás atrapando otra vez y sus demás clasicazos de concierto. La parte de tangos fue fenomenal, por un momento mi vida transcurrió entre Cuatro claveles y noches negras, entre amor, pesar, dolor. Como siempre, faltaron canciones. Éeeextasis al salir.
Tanto rock.
Corte y luego, mi lap Scarlett, la (hasta hace poco) furtiva amante de mis noches despertó de su largo sueño sin internet, producto de la reciente mudanza.
Y cuando Scarlett despertó, el PRInosaurio segía ahí y se había comido todo el pastel (dirían Monterroso, La Jornada y Armando Ramírez). Se veía venir, y aún así en el 2000 no me lo hubiera imaginado ni de lejos. ILUSA.
Tal vez haya sido el extraño retorno del PRI (¿Habré tenido el mismo sueño que el duende preguntón?) o el cambio de clima, qué se yo, pero esta mañana no podía quitarme esta estrofa de la cabeza:
Oh you know how it is
wake feeling blue
...
black clouds and rain
and pain in your head
and all you want to do is stay in bed.
- The Cure -