martes, febrero 17

Propanolol

Ha llegado el propanolol, la pastilla contra los malos recuerdos, también conocida 'cuando el eterno resplandor de una mente sin recuerdos nos alcance' ¬¬

Algo había escrito, que a fuerza de borrar el camino sin mirarlo, se vuelve al mismo. Y no podría referir la ciclicidad del descubrimiento de tales efectos mejor que Borges, cuando en sus Otras Inquisiciones dice que el pasado es indestructible; tarde o temprano vuelven todas las cosas y una de las cosas que vuelve es el proyecto de abolir el pasado, porque ni la venganza, ni las cárceles, ni el perdón, ni el olvido pueden modificarlo.

Por mi parte me quedo con los recuerdos que, entre otras cosas, sacuden el polvo de la memoria.

Ah! casi dejo pasar en blanco el 14 de febrero, sirva para ilustrarlo,esta amorosa cita de Cien años de soledad:

- Fíjate qué simple es -, le dijo Amaranta
- Dice que se está muriendo por mí, como si yo fuera un cólico miserere -

  

viernes, febrero 13

Top ten de mentiras

Hace poco platicaba con unos amigos acerca de un artículo periodístico titulado algo así como las mentiras más comunes de las mujeres. Ellos me decían lo atinado del artículo, yo disentí y les dije que mi lista de mentiras incluye:

 

1.    Claro que me da gusto que llegues de sorpresa! (justo cuando estaba en    bata pensando pasar un rato sola).

2.    Tienes razón, los videojuegos son un arte.

3.    Claro que algún día jugaré (videojuegos), igual y hasta me termina  gustando ¬¬

4.    Me molesta mucho que veas a otras mujeres (pq si no se los digo creen que me valen madre).

5.    ¿Podrías ayudarme a conectar/reparar esto? (para que no sientan invadido  su rol, en caso de que sean ‘machos’)

6.    Sí, de ves en cuando es buena idea ¬¬ ver una película estúpida  (ojo, no estúpida por graciosa, sino estúpida por estúpida tipo el  fin de los tiempos o la última de Indy)

7.    Tienes un ego muy sano, sin duda.

8.    Sí, me gustaría acompañarte a comprar ropa.

9.    Claro que ayer que olvidé mi teléfono y me llamaste con tanta ‘insistencia’  supe lo mucho que te importaba (y no lo paranoico que eres).

10. Sí claro, algún día bailaremos.

 

jueves, febrero 12

Coraline


Coraline es definitivamente una historia que me gustaría contarle a mis aún lejanos hijos o sobrinos o chamaquitos latosos… cuando los condenados en un típico arranque de enojo infantil gritaran ‘me gustaría tener otra mamá’ o cositas similares, entonces con maléfica calma esa noche les relataría el cuento de una niña a quien su madre ignoraba un tanto y su padre un poco más. Una niña que quería que sus padres gustaran de la jardinería y de la humeante y deliciosa preparación casera de alimentos, pero como bien sabemos,el mundo es y uno se acomoda. 


Sólo que ella no quiso acomodarse y después de que un raro y chingaquedito amigo (acompañado siempre de un gato mamoncillo), le regala una muñeca extrañamente parecida a ella pero con botones por ojos, se dará cuenta que es preciso tener cuidado con lo que deseas, aunque yo diría cuidado con lo que aparenta ser lo que deseas.

En medio de su gris realidad (que ni a sombría llega) Coraline encuentra un pasadizo que le permite ver hechos realidad sus sueños, cálidos y coloridos, tan buenos, tan reconfortantes que hasta parece que bajo sus pies todo es belleza. Pequeños detalles extraños, pero sólo eso, detalles. La otra madre que encuentra es una cariñosa cocinera, el otro padre es animoso y simpático, el chingaquedito amigo ni habla… pero el gato sigue siendo el mismo mamoncillo.


De tanto entrar al otro mundo, donde todo es complaciente a más no poder, Coraline poco a poco se da cuenta que todos los deseos cumplidos son más bien una maldición que una fortuna.


Aparte de sus méritos visuales, la película se refiere al amor que se atraganta del amado, que construye su mundo alrededor de él y sólo hasta donde el otro conoce, para finalmente declarar la pertenencia de uno sobre otro, porque sin él simplemente no hay vida.


Mejor volver a la tirana e implacable realidad, a la que afortunadamente la mitad de tus deseos le hacen los mandados.


Concluiré el cuento diciendo a mi vástago con una sonrisa: ¿Todavía quieres tener otra mamá?...

Por cierto, la peli tiene uno de los pósters que más me han gustado.


También vi Sólo un sueño (demonios, un traducción idiota más). No diré mucho al respecto, salvo que la película es buena y tiene un sentido bastante crítico hacia la sociedad norteamericana, cortesía de Sam Mendes, peeeero... se hubiera quedado como obra de teatro porque a pesar de que su mayor virtud consiste en la agudeza del diálogo, terminando convirtiéndose, precisamente, en puro diálogo, dejando de lado que el cine, como diría David Mamet, es ante todo un arte visual.


lunes, febrero 2

Wakefield

Wakefield era un hombre aparentemente normal, casi convencional, salvo porque un buen día decide irse de su casa, como si se fuera de cacería, sin más explicaciones. Decide rentar un cuarto y no volver, sólo observar qué ocurre durante su retiro.

Esa ausencia total, se asemeja a su muerte y él parece divertirse contemplando el desfile ante sus ojos por el hecho mínimo que ha cambiado voluntariamente.
¿Vanidad?, ¿Curiosidad?, ¿Aburrimiento? No sabemos en realidad qué secreta motivación ha encontrado Wakefield para hacer su crudo experimento, pero podemos imaginar de todo.

Recuerdo haber repasado este cuento, hace varios ayeres, durante un taller de literatura de horror y fantasía... y un buen rato me quedé pensando en el protagonista, encerrado, mirando vanidosamente los efectos sobre el tablero ante la falta de un simple peón.

"Entre la aparente confusión de nuestro misterioso mundo, los individuos se hallan definitivamente insertos en un sistema y cada sistema se encuentra tan estrechamente vinculado a otros que el hecho de salir por un momento expone al hombre al riesgo espantoso de perder para siempre su lugar propio en el mundo."

Por una vez (miento, más de una) he deseado ser Wakefield, salir de mis círculos, retirarme aunque sea sólo un día... propósito difícil de lograr, más ahora que el concepto de urgencia ha cambiado y que la posibilidad de localización es inmediata y por cualquier medio. Cómo me gustaría, a pesar de esa urgencia salir por un momento y perder mi lugar en el mundo, para observar el choque entre el drama de mi desaparición y la estricta indiferencia del mundo (corroborando entonces a Santayana), cuyo funcionamiento no se detiene por mí ni por nadie.

Quisiera simplemente irme, como el Wakefield de Hawthorne y no volver, ni 20 años después.


lunes, enero 26

Un brindis por la muerte


En A la orilla del cielo, Un anciano turco radicado en Alemania encuentra en la zona roja a una mujer (Yeter), turca también, de quien se vuelve cliente frecuente.

El anciano (Ali) tiene un hijo (Nejat), que da clases de alemán en una Universidad. Aunque lo crió solo desde pequeño, la comunicación entre ellos no es, digamos óptima (suena sencillo, a poco no, abre la boca, pero con el paso de los años nos damos cuenta de que se nos han podrido las palabras).


En esa deficiente comunicación, un buen día Nejat se entera de que Yeter comenzará a vivir con ellos. Habiendo comprado la compañía de Yeter, Ali siente la natural (pero no por ello menos enfermiza) angustia de quien paga por ver la soledad compartida y pretende marcar un territorio que no es suyo, olvidando que Yeter era rentada.


Ira mezclada con celos, hacen a la muerte presente, no como un hecho premeditado y espectacular, sino simplemente como un acontecimiento que ocurre de un momento a otro, tal como cuando cae una taza y se hace pedazos.


Aunque había existido poco contacto entre Yeter y Nejat, una ligera conexión se hizo presente. Él sabía que ella tenía una hija y al momento de su muerte parte a Turquía a buscarla.
Entonces la trama comienza a tejerse como agujeta.

Libre de ataduras personales, Nejat piensa establecerse en Turquía por un tiempo y el destinno, juguetón pero implacable, pone en sus manos una librería alemana.

Debido a problemas políticos, Ayten, hija de Yeter se va a Alemania en su búsqueda. Ahí conoce a Lotte, quien de tanto enamorarse de Ayten no hace más que tratar de ayudarle.
Cuando Ayten debe regresar a Turquía, Lotte va en su búsqueda con la desaprobación de su madre (amores arrebatados, ahhh como los recuerdo) y termina hospedándose en el alojamiento que Nejat anuncia en su librería.

La muerte ocurre, una vez más, como un producto azaroso y dolorosamente absurdo por carecer de móvil. Este hecho trae a la madre de Lotte a Turquía, tras casi 25 años de su última visita.


Pisando viejos pasos, tocando los últimos espacios de Lotte y tras el llanto amarguísimo que sigue a aquello cuyo fin no es anunciado, termina lo que ella había ido a hacer.


Ellos brindan por la muerte y entonces, Nejat se detiene en la orilla del cielo, en busca de su aún presente para hacer, supongo, una reconciliación con el pasado.
Muy recomendable.

También vi El Curioso caso de Benjamin Button, cuyo argumento todos conocen por obra y gracia de la ola mediática, así que me limitaré a decir que es buena a secas. Fincher es de mis consentidos así que no podía perdérmela pero les recomiendo mejor leer el relato de Fitzgerald. O léanlo y luego vean la peli para saber qué tanto la arruina. Eso sí, no vayan a última función porque con todo y cortos dura 3 horas... y no van a evitar pestañear.


The Spirit, mejor déjenla pasar. Gran chasco, falta mucha acción y ni Samuel L. Jackson la salva.




martes, enero 13

Sobre el tiempo

El amante que piensa "Mientras yo estaba feliz, pensando en la felicidad de mi amor, ella me engañaba", se engaña: si cada estado que vivimos es absoluto, esa felicidad no fue contemporánea de esa traición; el descubrimiento de esa traición es un Estado inapto para modificar los anteriores, aunque no a su recuerdo. La desventura de hoy no es más real que la dicha pretérita.

-Borges, en Otras inquisiciones-

lunes, enero 12

Santísima Trinidad

Poco después de que comencé a escribir en este blog, Carmen Aristegui salió del aire. Hoy regresó de 6 a 10 a.m. en el 102.5 fm, cosa que me tiene bastante alegre. Eso me ha puesto de suficiente buen humor para volver al blog, así que ahí voy...

Bien cierto resulta que es prácticamente imposible que una sola persona cubra todas nuestras necesidades, puede acercarse bastante pero en realidad (y hablo sólo por propia experiencia) difícil es que una sola persona nos cubra todos los frentes.

Del mismo modo que hay amigos con los que se disfruta más una cierta situación (tal como charlar sobre cosas cotidianas, beber o filosofar), así parecen existir hombres que son más disfrutables en algunos aspectos cuya potencialidad los hace disfrutables por un lado y por otro... no.

Me explico: La otra vez una amiga me preguntaba ¿Qué quieres de un hombre?

Que me haga perder la cabeza, por supuesto, jaja... Pero sobre todo que me ilumine con su santísima trinidad.

¿Religiosidades???? No, Para mí, la pareja es un buen amigo, un buen amante y un coco suficiente para rebotar ideas.

De acuerdo estoy en que prácticamente ninguno puede cumplir por completo con los 3 aspectos, pero puede acercarse. Ya sean amigos siempre dispuestos, deliciosos amantes o sujetos geniales, sus potencialidades se desarrollan en mayor medida en alguno de esos aspectos, sin que a la fecha conozca (ni busque) a alguno que abarque las 3.

El mejor amante, era un mal amigo, El buen amigo no era genial, El genial no era buen amante...y así podemos seguir combiando los factores. Claro que hubo un excelente amigo, sujeto genial pero cuestionable amante con el que sin chistar me hubiera quedado... pero eso es historia antigua.

No me las gasto ilusamente creyendo que un solo amigo puede cubrirme del todo y también estoy consciente de que no puedo satisfacer por completo las expectativas del otro, que tal vez necesite a más personas para completarse (No, no estoy proponendo un trío como en Vicky Cristina Barcelona); es decir, que muy seguramente existirán cosas que prefiera contarle a otra persona porque se siente mejor conectado o porque el chiste sólo les hacia gracia a ellos y no por eso me molestaré. Porque las relaciones, dice Savater, son para expandirse y no para recortarse cual bonsai, no hay para qué cerrarse (tampoco estoy hablando aquí de relaciones abiertas), ya que siempre al genial sujeto y buen amante le puede faltar una pizca de buen amigo... que seguramente será saciada con otro amigo, y así podemos seguir haciendo combinaciones.